Temprano fui desechando los nombres para eso. Primero, dejé de usar la palabra novio, luego C. y yo concluimos que estábamos por encima de eso y cuando llegué hasta ti, ni siquiera pensaba en aniversarios. Entendimos que era importante no reparar en palabras ni fechas. Sin embargo, pronto encontraste una forma de llamarme, pronto entendí que a pesar de la retórica, ciertos números sí importaban y que en la vida hay frases marcadas. Sonidos que invariablemente, no importa en qué contexto, ni quién los emita, me regresarían a ti como un reflejo pavloviano.
Y es así como llegamos hasta esta ventana, años, décadas después, en la que solo, mirando una noche ajena, repito
-Mon copain. Mon très cher copain.
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