afinidades electivas

Fantasías animadas de ayer y hoy (este mes en el iPod)

SONRiE

No es fácil evitar la exageración con SMiLE, de Brian Wilson. Después de todo es el santo grial del pop: una obra maestra perdida, un disco para gobernarlos a todos, una creación imposible rescatada de las cintas y la memoria de su arquitecto, quien sufrió un colapso inducido por las drogas cuando los Beach Boys grababan en el 67 el disco que superaría en maestría a Pet Sounds, que a su vez es para muchos, incluyendo McCartney, el mejor disco de pop jamás grabado y la principal influencia de Sgt. Peppers, el disco favorito del otro equipo.

De nuevo, con todo y el filtro anti-mitos encendido, no es fácil evitar la exageración. SMiLE es un disco perfecto. Con todo y que le hayan metido veneno para actualizarlo, nada en los últimos cuarenta años suena como eso. SMiLE es el reflejo de una mente que está en otro plano y es una fortuna que los mortales podamos asomarnos por la mirilla.

(y si, Good Vibrations es uno de los mejores temas de la historia, amor adolescente, como el que se siente por las hijas)

Un trabajo de amor

Como a todos los puristas imbéciles, la idea de un remix de los Beatles me crispa. El impulso natural sería asesinar al tipo que tuviese el atrevimiento (y de paso, ya que estamos en eso, acabar con el que compiló los discos esos de Beatles 1 y 2 y n). Para añadir insulto a la injuria, estaríamos hablando de un disco creado para un show de Las Vegas.

Claro, hasta que uno escucha Love, una compilación realizada por el hijo de George Martin (el quinto Beatle) para un nuevo espectáculo de Cirque Du Soleil.

Usando las cintas originales de Abbey Road, Giles Martin realizó un trabajo de arqueología musical para realzar el sonido a unos niveles que no existían en el 88 cuando editó la colección de los Beatles en CD. Solo por escuchar nuevamente por primera vez While My Guitar Gently Weeps y A Day In The Life, vale la pena pagar la entrada.

Parte de la genialidad de esta compilación está también en la mezcla. Get Back empieza con el twang! de A Hard Day’s Night. Las letras de Drive my car se entremezclan con The Word, Eleanor Rigby termina con una dramática Julia que se estrella contra I Am The Warlus, y mi favorita: For The Benefit Of Mr. Kite + I Want You + Helter Skelter + Help.

Además, pájaros, trenes, múltiples instrumentos de cuerda, tablas, Lennon escupiéndote en la oreja en Revolution y Ringo voladísimo con un hi-hat que nunca había oído en Lucy in the Sky With Diamonds. Este es el disco perfecto para escuchar a oscuras en la cama.

What ever happened to a boyfriend?

Los primeros tres años de los 90s fueron buenos con nosotros, asi top of my head: Achtung Baby, Violator, Smells Like Teen Spirit, Ten, Out of Time, Canción Animal y Exile In Guyville.

Liz Phair es la Avril Lavigne original. La primera niña linda que agarró una guitarra eléctrica. Exile es un disco lo-fi a propósito, brillante idea para meterle grano a una exploración sobre la intimidad.

Como en todos los discos de esa época, me quedo con los surcos exteriores. En el 10, Fuck And Run, Liz tiene problemas para conseguir un novio (si claro, por supuesto). Una canción esperanzadora para todos los parias que soñábamos con que eventualmente las mamis dejarían de andar con patanes y se empatarían en una de conseguir un tipo que las quisiera de verdad. Este tema era el himno de una amiga hasta que se casó y fue feliz. Saludos.

Como toda muchachita de 25 años que se aprendió cuatro acordes y cree que sabe algo de la vida, a veces es insoportable, pero el disco es tan bueno que se le perdona.

¿Cómo hizo Liz Phair para ir de allí a esa ridiculez del año pasado? Todavía me asombra.

Now listen to the truth

Desde que Adebimpe exclama/llora/grita ‘I was a lover before this war’ sobre lo que parece ser un bramido de elefante abriendo Return to Cookie Mountain, uno entiende que TV On The Radio es un grupo absolutamente distinto a cualquier cosa. Para ser más exacto, es el quinto o sexto grupo absolutamente distinto a cualquier cosa que ha salido de NY en los últimos dos años. Debe ser algo en el agua.

Cookie Mountain es un gusto aprendido, pero después de la tercera escuchada, quedé enganchado. El disco transporta a lugares únicos con una amalgama de samples, guitarra, bajo y batería amarrada con una voz instantáneamente legendaria. Exageraciones aparte, Return to Cookie Mountain sí fue lo mejor de 2006.

Los performancers que montan bandas de rock usualmente terminan haciendo cosas buenas y cuando Bowie canta en tu primer disco significa que tienes algo en la bola. No es fácil explicar de qué se trata TVOTR. ‘Hay que oírlo’, es lo que suelo decir.

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