afinidades electivas

Naranjas


Siempre que se me ocurre una frase, me alejo lo más posible del teclado. Gravito hacia las naranjas. La acidez, me han enseñado las mujeres, es excelente para silenciar ideas.

Inevitablemente cuando como naranjas, parado frente a la nevera, me acuerdo del ‘Freedom!‘ original: Carlos Cámara gritando el nombre de la fruta en español castizo, mientras la cámara se retira avergonzada en la última escena de El Enemigo, de Uslar Pietri. (gracias, salvapatria)

Luego de esto, las naranjas claro, es obvio recordar esta popular joya del modernismo:

This is just to say

I have eaten
the plums
that were in
the icebox

and which
you were probably
saving
for breakfast

Forgive me
they were delicious
so sweet
and so cold

-William Carlos Williams

… ciruelas que durante mucho tiempo me acompañaron desde la puerta de una heladera un tanto oxidada.

(luego de partir, WC Williams fue lo único que quedó con vida en ese hogar)

Icebox. Cajas. A veces, luego de lavar los platos, me detenía frente a la nevera y las ciruelas y pensaba en cajas de cartón, en sus fantásticas posibilidades, en el amor según las cajas de cartón que caben unas dentro de otras y, por lo tanto, se entienden.

Florence Williams entendió, su respuesta fue nota, título y poema, una primera línea en negrillas:

Reply

(crumped on her desk)

Dear Bill: I’ve made a
couple of sandwiches for you.
In the ice-box you’ll find
blue-berries–a cup of grapefruit
a glass of cold coffee.

On the stove is the tea-pot
with enough tea leaves
for you to make tea if you
prefer–Just light the gas–
boil the water and put it in the tea

Plenty of bread in the bread-box
and butter and eggs–
I didn’t know just what to
make for you. Several people
called up about office hours–

See you later. Love. Floss.

Please switch off the telephone.

Último elemento de una secuencia que obviamente comenzó con un reclamo, un destello en las entrañas de una naranja de relojería.

To make two bold statements: There’s nothing sentimental about a machine, and: A poem is a small (or large) machine made out of words. When I say there’s nothing sentimental about a poem, I mean that there can be no part that is redundant.

Prose may carry a load of ill-defined matter like a ship. But poetry is a machine which drives it, pruned to a perfect economy. As in all machines, its movement is intrinsic, undulant, a physical more than a literary character.

-WCW también (prólogo de The Wedge)

Ah si. Last but not least, un Miller retirado en Big Sur, claro está.

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