afinidades electivas

Mixtape

Hay días en los que escuhar el iPod en aleatorio se acerca a una experiencia mística. El iPod sabe lo que necesitas oír y desnuda la maravilla de un azar.

A pesar de eso, soy un gran creyente en el poder de una lista de reproducción. Creo que pueden cambiar tu estado de ánimo, ayudarte a pasar un mal día, enamorarte, lidiar con un pequeño dolor.

Hace poco leí un artículo sobre un experimento que comprueba el efecto que tienen los BPM de una mezcla en el desempeño de los atletas.

Tengo una amiga para la que hacer mezclas en 8tracks es una forma de arte. Su erudición musical y lo fácil que es hacer mezclas en 8tracks no dejan de sorprenderme.

Claro, vale acotar que en la era del mp3, parece que todo es más fácil.

Si hay algo, una cosa que extraño de los cassettes, es la preparación: ese cálculo que tenías que hacer antes de grabar una mezcla para que a)provocara escuchar toda la cinta, b)no se cortara ninguna canción y c)quedara menos de un minuto al final de cada lado. Es decir, para que un cassette quedara bien, cada lado debía sumar un poco más de 29’30», o 44’30» y cada tema debía tener sentido, no valían los rellenos. Muy poca gente militaba en esta obsesión, participaba en este foreplay. Pero de vez en cuando aparecía un ángel que se justificaba, un tanto avergonzada, «es que no me gusta que se corte», u otra que hablaba del oficio muerto, de ese arte oscuro de sumar minutos y segundos.

(pienso en cuántas horas habré invertido calculando esa colección de más de 200 cassettes y entiendo por qué no he logrado otras cosas en mi vida –me pregunto también en qué se transforman las ninfas que atienden a la longitud de las cintas)

Sobre esto, hace quince años Nick Hornby escribió el tratado definitivo: ese canto de cisne del mixtape llamado High Fidelity. Cualquier intento de reflexión que haga, estará mal calculado. Así que es mejor cerrar con una cita y esperar lo mejor:

I spent hours putting that cassette together. To me, making a tape is like writing a letter — there’s a lot of erasing and rethinking and starting again, and I wanted it to be a good one, because . . . to be honest, because I hadn’t met anyone as promising as Laura since I’d started the DJ-ing, and meeting promising women was partly what the DJ-ing was supposed to be about. A good compilation tape, like breaking up, is hard to do. You’ve got to kick off with a corker, to hold the attention (I started with ‘Got to Get You off My Mind,’ but then realized that she might not get any further than track one, side one if I delivered what she wanted straightaway, so I buried it in the middle of side two), and then you’ve got to up it a notch, or cool it a notch, and you can’t have white music and black music together, unless the white music sounds like black music, and you can’t have two tracks by the same artist side by side, unless you’ve done the whole thing in pairs, and . . . oh, there are loads of rules.

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