afinidades electivas

Full Windsor

(o posts que suceden mientras una mujer se arregla para una fiesta)

Siempre he pensado que los hombres se dividen en dos: los que saben hacer un Full Windsor a la primera y los que no.

En una escena que tengo grabada en mi galería de patetismos, un compañero de trabajo se acomoda su brillante corbata de nylon, intentando que esta tenga algunos dobleces luego del nudo. Contemplo como con tres dedos trata de dominar la caída de su corbata, fabricar un doblez donde no puede haberlo y no me atrevo a apuntarle que es bastante difícil lograr que se doble la corbata con un nudo simple y que su esposa, no, la madre de su hija, lo está esperando con la carajita para entrar a la fiesta.

Disfruto ver los nudos en las fiestas, clasificarlos por tipo (simple, doble, medio windsor…) y origen (propio, esposa, papá… mamá). También envidio con sana furia a los viejos que han dominado el arte del Full Windsor con corbata de paño grueso y llevan esos ejemplares de elegancia flanqueados por sus cuellos italianos.

Atar un nudo simétrico que combine el ancho y la longitud correcta es un truco supervivencia que poco a poco desaparece en el inconsciente colectivo, rumbo a ese espacio donde habitan otras habilidades, como encender una hoguera por fricción, cazar animales usando sólo ramas afiladas y preservar la carne sin refrigeración.

Para la próxima

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