Los exploradores urbanos de sleepcity hacen un recuento de sus aventuras en los túneles del metro de París durante los últimos 3 años. Fotos increíbles.
Araya Goitia rescata este artículo de Mike Caine sobre el posible futuro cercano de los eBooks:
Todos los –llamados- eBooks no son actualmente más que textos ligeramente amalgamados en un contenedor electrónico específico. Son objetos cuyas posibilidades son más limitadas que el objeto impreso (anda, intenta hojear fugazmente el eBook con la capacidad del refresh rate del eInk) y aun más tontas que en el objeto impreso (uh, ¿qué página te encuentras leyendo). Son lineales, son estúpidos. Son el más pobre común denominador de lo que un eBook puede llegar a ser – y aún en ese aspecto son sencillamente atroces.
Mike propone que para diferenciarse, los eBooks deben convertirse en instrumentos de acceso para una red semántica:
Con toda esta potencia de data, un eBook no es solo un eBook – se convierte en un boleto de admisión a una vasta colección de información organizada en una base de datos.
Un eBook se convierte en un terminal local conectado a una creciente y viva nube de información asociada, con significados e implicaciones que ningún editor ni escritor pueda siquiera imaginar. Permite al lector hacer esas conexiones. Es un eBook que puede hacer algo.
Hace unas semanas, estuve en un BookCamp en el que entre otros temas (y como preludio a esta presentación), participé en una sesión de Mashup Books, organizada por Xavier Belanche Alonso, en el que se discutió las posibilidades que tendría una API (interfaz de programas de aplicación) para eBooks.
El ejemplo que puso Xavier fue la creación de una guía de viajes personalizada. Si esta API estuviese creada y disponible, podrías, por ejemplo, crear tú mismo un eBook con un mapa de Alfama, reseñas de restaurantes de Bacalao, textos de Pessoa y unas canciones de Amália Rodrigues, para servirte de compañía en tu viaje a Lisboa.
El hardware y la infraestructura están allí. Esto es sólo un tema de software. O de tiempo.
Soy fanático desde el día 1 de Flipboard. Así como pasó con las redes sociales, dentro de poco todos podremos ser curadores (¿editores?) de revistas y seguramente todos seremos consumidores de libros personalizados.
James Bond probablemente ha influenciado más los hábitos de vestir que cualquier otro personaje de ficción. Dr. No (1962, dirigida por Terence Young) estableció el look clásico del personaje para los numerosos filmes que siguieron. A lo largo de Dr. No, Sean Connery viste cinco conjuntos únicos hechos a la medida. Cada traje es simple, clásico y digno de imitación. La idea fue poner a Bond en trajes que fueran distintivamente británicos, pero mantener las cosas simples, porque un agente secreto nunca debe destacar. Sin embargo, debido a esta simplicidad, los trajes todavía se ven frescos hoy en día.
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