
Estoy bajo el elevado de la Urdaneta, de primero en el semáforo esperando ser asaltado. Pienso en lo horrible que es este lugar, en las décadas que tiene siendo horrible. Pienso que, a pesar de todo, es un anexo de mi hogar.
Una vez un policía me dijo “La calle no es tuya. Por ejemplo, si dañas esa acera te llevo preso”. Según la autoridad, lo propio es aquello que podemos destruir. Ahí, bajo el elevado de la Urdaneta, pienso que puedo mear en cualquier rincón de Caracas y ese será mi rincón porque yo pago por Caracas en más de una forma. Fue de mis abuelos, de mis padres, siempre ha sido mía. Esto no pasa en ninguna otra parte del mundo, en esas ciudades en las que circulo con cuidado para no destruir aceras ajenas.
¿Por qué sigues viviendo ahí? -Preguntan ¿Cómo explico la pertenencia? ¿Cómo explico que mi ciudad, cualquier rincón de mi ciudad, es mi casa?
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de que manera podrias, dado lo anterior, sugerirle a alguien no vivir en tu casa?
Mi casa es un desastre, un lugar horrible, pana.
Si quieres vivir allí, tienes que estar en paz con que ese es un hecho inamovible.
Consciente de la oferta inmobiliaria, usualmente le sugiero a la gente que busque un lugar que se parezca más a ellos. Que escapen, si me parece que deben escapar.
caryl phillips – a new world order. una coleccion de ensayos precisamente sobre ese sentido de pertenencia que nos justifica quedarnos en un lugar horrible.
a veces temo no pertenecer mas a ese lugar que aunque siempre ha sido horrible, nunca dejo de ser mi casa, tambien. mi esperanza esta en que esa pertenencia no se destruye con el tiempo. dependiendo de cuanto tiempo, claro…
un abrazo.
jajaja
no te entendi ni mauser