Una de mis cosas favoritas de hacer en la internet es compartir artículos. De hecho, considerando el estado de las cosas, quizás sea el último aspecto, la última actividad en línea que genuinamente disfruto. Por supuesto, es otra de las cosas por las que no me pagan. Lo hago por una fe absoluta en las afinidades electivas, el imán tenue que aglomera a la gente alrededor de una estética. Un texto se mantiene vivo siempre y cuando sea circulado; de lo contrario es como el proverbial árbol que cae en el medio del bosque y nadie oye. Hoy, por primera vez, me di cuenta de que eso es una filosofía de vida completamente obvia para mí, pero quizás solo para mí. Una manera de estar en el mundo.
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