Mi 2018 en cine — 2 de 2

Estas notas fueron escritas saliendo del cine / cerrando una ventana / apagando la tele, justo después de haber visto algo para compartir y antes de contaminarme con las reseñas. Están aderezadas con links que he ido consiguiendo por allí.

Lee la primera parte de esta lista aquí

 

Vi Los Doce del Patíbulo y estaba impresionado por la libertad que comunica, la libertad de decir y hacer lo que a uno se le venga en gana, de actual un guión lleno de ideas y actitudes libertarias. Sería imposible hacer Los Doce del Patíbulo hoy en día, con su uso irreverente —pero natural— del lenguaje y su compromiso militante con la crueldad. Una turba de snowflakes quemaría los estudios.

El cold opening con exposición de personajes es, probablemente, el ejemplo canónico. Lee Marvin es excelente. Otro aspecto curioso es que ahí hay más de un actor veterano de la Segunda Guerra Mundial. Gente traumatizada que no hablaba del tema. Nada de personajes redimibles como el misterioso Capitán/maestro de escuela, el escritor que nos lleva de la mano en el descenso a los horrores de la guerra. Nada de sensiblerías. Una película sobre un campamento y luego otra película sobre una misión suicida, como Full Metal Jacket, pero con más humor, tanto humor, que transforma un crimen de guerra en un punchline.

Para el momento en el que vi Black Panther ya la polémica se había disipado. Una película de origenes medianamente decente, si la ves en fast forward. Mucha defensa de los negros, pero no pasa la prueba de Bechdel.

Ready Player One exhibe los mismos problemas que el libro: una utilización sin propósito de las referencias pop hasta banalizarlas y una ignorancia delirante al creer que saberse los nombres de 10 videojuegos que todo el mundo sabe como se llaman, tiene algún valor. Al menos en la versión cinematográfica las imágenes ayudan a desarrollar una narrativa que no funciona en el texto por su pobre calidad.

Es un regalo que William Friedkin decidiera tomar tantas escenas de ciudad. Contacto en Francia es una cápsula del tiempo de la vida hace 40 años. La persecusión, la famosa persecusión, todavía funciona.

Luego de hablar un montón de paja sobre Infinity War con Vicente, cuando la vi terminó gustándome. Buen ritmo. Los comic reliefs se vuelven predecibles. Pero al menos trasmitía un verdadero sentido de emoción, como si de verdad hubiesen vidas en riesgo.

Guardaré Zama en un lugar reservado para las películas que lidian con la dureza de la conquista de América. Una película con muy poca piedad, un relato minucioso y detallista de ruina y fracaso. Desde que la vi no he dejado de acordarme de ella todas las semanas, cuando pienso en la pérdida de Venezuela.

Adriana dice que no pudo ver los últimos 20 minutos de Hereditary. Yo estaba sufriendo desde la primera media hora. Una angustia absoluta, una angustia existencial sobre las dificultades del matrimonio y la familia. Qué gran película de suspenso. Visualmente maravillosa. Estos estudios A24 continúan produciendo las mejores películas del género.

Mission Impossible: Fallout es una prueba de que todavía es posibile hacer películas de acción de alto presupuesto que sean buenas, con secuencias bien montadas en las que la acción se entiende y no te dejan colgando espacialmente. Esa persecusión en Paris es para la historia.

The Death of Stalin retrata muy bien todo lo que pensamos que sucede alrededor de la muerte de un autócrata. Tiene elementos de los rumores que me ha contado el pana serbio sobre cuando se murió Tito. Me hizo pensar en la muerte del gordo sidoso, con la diferencia de que los tipos que rodeaban a Chávez fueron mucho más payasos, más ineptos y más cómicos. Un golpe maestro de Iannucci, el mismo guionista de In The Loop, quizás la mejor sátira política jamás filmada.

Es difícil imaginar a alguien distinto a Joaquin Phoenix protagonizando You Were Never Really Here, una película muy bien hecha, con elipsis muy efectivas, hermosa a pesar de su horror. Me encanta como este personaje de pocas palabras queda casi inhabilitado para hablar. Una decisión genial que solo sirve para apretar las tuercas de la historia.

Vi Bohemian Rhapsody como fanático de Queen y creo que cubre lo esencial. Me desilucionó un poco la imágen lavada que presenta de Freddie Mercury. Me parece que esa película sufre porque todavía hay un montón de gente viva que depende de que la imagen de Mercury sea controladamente controversial.

Mandy es una película venida de otro tiempo. Un destilado del mejor gindhouse de los últimos cuarenta años, la realización del sueño delirante de un visionario que logró asegurar su presupuesto. Tuvimos la suerte de estar vivos para recibirla. El mejor Nicholas Cage desde Adaptation y una de las mejores representaciones de los efectos de los alucinógenos que jamás he visto. Mientras la veía repetía “¿Pero quién demonios le dio dinero a este genio?”. Luego supe quién era el director. En 2012 vi Beyond The Black Rainbow y pensé que sería imposible que ese director hiciera otra película.

Autocannibalism lleva las ideas de Noah, Unfriended y Searching al contexto caraqueño, en 2018. Un efectivo corto de acción, a través de la pantalla de un móvil, en la ciudad más peligrosa del mundo.

Cómo viajar

Desempacar sólo lo necesario, asegurarse de dejar interiores y calcetines –la mejor manera de evitar un accidente, es llevar ropa interior extra. Sacar los encargos, los documentos que hay que transportar de un país a otro, sacar el bolsito de los cables (lightning, micro, mini USB, cargador, din splitter) y las tarjetas sim, sacar los audífonos, las dos laptop, el iPad, el iPhone de reemplazo, los cargadores de cada uno, meter todo en el morral de la oficina. Dormir. Ir a la oficina y trabajar. Volver a casa, empacar la ropa que falta, empacar los encargos, los documentos que hay que transportar de un país a otro, las dos laptop, el iPad, el iPhone de reemplazo, los cargadores de cada uno; revisar que el morral de la oficina y empacar lo que olvidaste mencionar, el bolsito de los cables, revisar los niveles de desodorante, colonia, pasta dental, jabón, colocar el morral de viaje en la puerta a manera de recordatorio. Comprar el billete de bus, check-in en el vuelo, revisar que el boarding se haya agregado automáticamente en el teléfono, foto al boarding, compartir a DropBox, compartir al calendario, revisar por cuál aeropuerto es la conexión, contemplar si vale la pena pagar los 8 francos por el fast-track de seguridad, revisar si la lista de Netflix está al día y se descargó en el iPad, volver a empacar el iPad. Poner la alarma. Desmayarse. Callar la alarma de las 4am, callar la alarma de las 5am, ducha, carrera, audífonos, podcast, olvidar algo en casa. Bus, oficina y trabajar. Callar la alarma de las 4pm, callar la alarma de las 5pm, audífonos, podcast, bus. Bajarse en el aeropuerto, entrar al supermercado y comprar un croissant de Sils con carne de los Grisones, hacer la cola de seguridad, lamentarse de no haber pagado los 8 francos por el fast-track, pensar en tus hijas, tu esposa, tus padres, todos los amigos a los que no has llamado. Pensar en Venezuela. Sacar los dispositivos electrónicos con antelación, dejar pasar estratégicamente a algunas personas para caer en una cola con viajeros experimentados, en un movimiento coger 4 bandejas y colocar las dos laptops, el iPad, el morral, el reloj, la correa, los zapatos, los líquidos —que nunca han dejado de estar en una bolsa transparente. Contemplar si debes pagar 8 francos por una cerveza, pensar en el día, en las cosas que has tenido que oír y decir, pedir medio litro de Erdinger mientras envías un sms para la clave del wifi. Editar el podcast, apagar el wifi del iPad y verificar que las descargas no están bloqueadas. Reportarse por WhatsApp. Esperar el último llamado, esperar a que todos hayan embarcado y el túnel esté vacío, embarcar, sentarse en el primer asiento libre, hola, abrir completamente la válvula de aire acondicionado y apuntarla hacia tu cabeza, colocarse los audífonos, adiós, mirar la pantalla. Poner la sim española. Escala, reportarse por WhatsApp, cruzarse con otro venezolano, comer el croissant de Sils con carne de los Grisones, completar el litro de cerveza. Pensar hacia dónde se va el tiempo. Esperar el último llamado, esperar a que todos hayan embarcado y el túnel esté vacío, embarcar, sentarse en el primer asiento libre, hola, abrir completamente la válvula de aire acondicionado y apuntarla hacia tu cabeza, colocarse los audífonos, adiós, mirar la pantalla. Salir del aeropuerto, saludar, conducir a casa, saludar, cenar, quizás un último whisky. Desempacar sólo lo necesario, asegurarse de dejar interiores y calcetines –la mejor manera de evitar un accidente, es llevar ropa interior extra.

Maniac

Comedia del absurdo mezclada con ciencia ficción y nostalgia por universos alternativos, una historia impulsada por la melancolía y el instinto de supervivencia, un poco de Dr. Who, con dimensión desconocida, en un mundo retrofuturista imaginado en 1983 por un fan de Charlie Kaufman. Hay varios momentos dentro de Maniac que capturan la razón de ser del cine. Cuando comencé a verla, no imaginaba que sería tan divertida, profunda y —sobre todo— humana, en medio de toda la locura o, mejor dicho, muy humana por toda la locura. Un experimento médico que se transforma en una parábola sobre la naturaleza de la amistad, el lugar que habitan las personas que queremos y cuál es el significado de estar sano.

Un regalo especial fue pillar este cartucho de expansión de 16K de Aquarius durante un momento cumbre del capítulo final. Hablando de nostalgia, si viviésemos en otro tiempo seguramente habría un tumblr que catalogaría todos los detritos de los 70s y 80s que pululan en el universo de Maniac.

 

crack

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