Mi 2025 en música

El pabellón quirúrgico parecía una cocina: gente dando y recibiendo órdenes, música, instrumentos traqueteando. Al comenzar la operación la primera canción que sonó fue Cocaine, de Eric Clapton. Tenía la mitad del cuerpo, desde los pies hasta el estómago completamente dormido. She don’t lie, she don’t lie, así que todo bien.

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El anestesiólogo me preguntó si quería que me durmieran.

–Esta es una casa en la que dormimos a la gente –me dijo– tranquiliza a los cirujanos.

Yo no quería que me durmieran. Le tengo miedo a la anestesia general desde una vez que me desperté con lo que pareció ser mialgia postoperatoria. Además, muy trágico quedarme pegado el 31 de diciembre por un error del anestesiólogo. Lo hablé con mi esposa. Pregunté cuáles eran las consecuencias de dormir o quedarme despierto.

En fin, que podía elegir algo para escuchar mientras operaban. Fue allí que descubrí que lo que quiero escuchar cuando me esté muriendo es el Réquiem de Mozart. Así que ya saben, hijas, cuando esté balbuceando en mi lecho de muerte y no me entiendan, estoy pidiendo los audífonos y el Réquiem. Pero no cualquiera, por favor, Von Karajan Berliner Philarmoniker (1976), Marriner con la Academy of St Martin in the Fields (1991), o Harnoncourt (2004), en ese orden. Nada de esas versiones revisitadas que parecen un reggaeton.

Al final me dijeron que se habían equivocado y no, no podía entrar al pabellón con mis earbuds. Así que escuché Cocaine, y taladro.

No sabía que esa no sería la última vez que estaría en un pabellón este año. Cuando releo esto, un año después, me doy cuenta de lo cómicamente desinformado que estaba sobre cuán cerca podría estar de la muerte.

Comencé el año oyendo Jeopardy de The Sound, otra banda que no conocía de un periodo en el que creía conocer todo. Ahora se de dónde viene Franz Ferdinand. I Can’t Escape Myself.

I was also caught on the wrong side of the shoe again. Crimson to Chrome de Friko.

Si Bad Bunny es el Drake latino, este el más Drake de sus discos. Si Bon Iver fuera puertorro, habría grabado un disco así.

Mi canción favorita es el viaje inolvidable. En viaje inolvidable se decide el futuro de la música latina. ¿Será una salsa o un reggaeton?

No se si le llegará a la gente de afuera, pero si naciste en el caribe y no te odias, entiendes este disco.

A lo largo de los siguientes 6 meses fastidie a Mónica teorizando sobre este disco. Como hace la finta de que es un disco de reggaeton y de repente empieza nuevayol, o como el viaje inolvidable también hace una finta con esa intro súper reggaetonera. Como el tema homónimo dtmf tiene una parte en la que le vbajan a la música para que el coro y el público canten.

Pero incluyo piturro de coco para ilustrar que ese disco es un poco más de lo que sale por la radio. Y porque es otro de esa colección inesperada de temazos de despecho que hay en ese disco.

La Bruja de Texcoco Nostalgia. Bestial este tema y la interpretación

Angel Olsen lo vuelve a hacer con un disco de covers. Que brutal como puede transformar una canción pop como The Takeover y transformarla en un lamento del más allá. Del mismo disco, Glamourous, de la autora de The Takeover. Poppy Jean Crawford.

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Memoria

Comencé a pensar que debería escribir unas memorias cuando leí Replay de Jordan Mechner, un libro que solo fue posible gracias a la diligencia de su abuelo y su padre que registraron sus memorias, y las cargaron durante migraciones sucesivas.

Me hubiese gustado poder migrar con fotos. Mostrarle an mis hijas su pasado. Ese álbum familiar que mi mamá armó. El álbum que hizo mi abuela consuelo en honor a mi abuelo luego se su muerte, con su cédula de los 60s, su pasaporte, recortes de periódico fotos viejas con nombres que solo ellos dos conocían, sus fotos en Roma durante ese viaje por Europa en 1973 –todavía no he ido a Roma. A los 10 años me parecía lógico y respetable que mi abuela hiciera eso, ahora en mis 50s entiendo la importancia. Lo crucial. El tesoro que sería tener ese álbum.

Mis padres fueron a Venezuela en 2024 a vaciar el apartamento. Allí tiraron todas las fotos, toda mi infancia, todos los nombres de personas que no recordaré y que nadie que yo conozca recordará dentro de 10 años más.

Mi 2024 en cine

Perdí mi tiempo viendo Ferrari que mal actuada está. Adam Driver está ok, pero el resto un desastre. 

Vi un vídeo en el que explicaban que no debía ver Saltburm sino Ripley (la serie). En su lugar, vi A Pleno Sol. Gran dirección de arte y cinematografía. Matt Damon quizás sea un mejor Ripley, pero que bien y que hermoso Alain Delon. Qué arriesgada esa película para 1959. La secuencia del asesinato de Dickie Greenleaf es brutal.

Vi Laberinto con mis dos hijas mayores. No recordaba que fuese tan fumada. No entendí bien la relación entre el Rey Goblin y la protagonista. Reviví mi amor por Jennifer Connelly de cuando tenía 12 años. La menor hizo eject a la mitad. Demasiado miedo. La grande me dijo “no entendí”. No la culpo. 

Mientras veíamos Battle of the Sexes pensé que estoy casi seguro de que EEUU no se veía así en 1973. Se veía así en 1983, que es un error típico, vivimos permanentemente en un mundo construido hace diez años. A Mónica le hizo ruido el excesivo enfoque en la historia gay, desvirtúa la lucha por la igualdad que es el corazón de la película.

Indy 5 no estuvo tan mal, pero no disfruté para nada esa conexión con Aristóteles. No todo tiene que ser épico.

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