This week, 200 scientists will gather in an attempt to determine how research into the possibilities of geoengineering the planet to combat climate change should proceed.They say it’s necessary because of the riskiness and scale of the experiments that could be undertaken — and the moral implications of their work to intentionally alter the Earth’s climate.
El pasado lunes, antes de que se hiciera pública la orden de detención dictada por la Audiencia Nacional, Cubillas seguía en su despacho del Inte en Caracas. Un miembro de la Guardia Nacional acompañó al periodista hasta la Oficina de Atención al Campesino y un agente de seguridad confirmó su presencia. «El señor Cubillas está en camino y le recibirá ahora mismo, por favor escriba aquí sus datos». Al comprobar que el visitante era periodista, Cubillas dejó de existir para el Inte. «Hermano, el jefe de seguridad es otra persona. No conocemos al señor Cubillas», comunicó al visitante otro agente diferente.
Venezuela en el siglo XIX compartió una sangre común con las otras naciones de Hispanoamérica en cuanto a la obsesión por la construcción de la nación. Entre nosotros también impactó la idea de que la sexualidad, el matrimonio y la procreación formaban parte integral de los dominios y objetivos mismos del estado pues se trataba del sagrado mandato de formar con acierto a los ciudadanos. Las “sexualidades desviadas”, verbigracia el lesbianismo, debían ser temas secretos apenas atendidos por el discurso médico, visión que de algún modo persiste en la gran mayoría de la población venezolana. Molloy y Mackee Irwin xi-xiii; Silva Beauregard 153-158; 173-180. Pero, desafortunadamente, la modernidad venezolana no echó raíces en la otrora pujante civilidad de tantas mentes lúcidas –unas cuantas de ellas femeninas- y de tantos logros políticos y sociales de nuestro siglo XX Caballero; Codetta; VVAA Historia…, sino en los “petrodólares”, en delirios faraónicos de modernización, en radicalismos de pasillo universitario, en hazañas de cuartel, en exclusiones sin fin, para terminar en el mismo pozo rocoso, militarista y patriarcal en el que comenzaron nuestros tiempos republicanos y en el que transcurrió nuestra historia hasta bien entrado el siglo XX. Esta situación ha permitido que la obsesión por la construcción de la nación -hermanada con el militarismo y la violencia- esté viva hasta hoy, como manifestación de la ya muchas veces comentada persistencia del espíritu decimonónico en la vida venezolana más allá de su modernidad amasada con petróleo. Con esta savia patriotera e insurreccional, con la persistente idea de fundar la república una y otra vez como si no hubiese nada que conservar, con una visión de la nación como hija de la hazaña del varonil procerato decimonónico conducido por el Zeus de nuestro Olimpo, Simón Bolívar, se han alimentado caudillos militares del siglo XIX y XX, demócratas del XX, guerrilleros marxistas 2 y el actual gobierno revolucionario, conducido por el caudillo-presidente Hugo Chávez Frías. Las minorías sexuales y la mujer en general sufren el peso simbólico y político de esta visión acendradamente falocrática de la nación y de la vida social.
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