la verdadera revolución

Motorola1

Bien sea porque tienen gente que lo hace por ellos, o porque son analfabetas tecnológicos, sólo unos cuantos líderes mundiales alguna vez han enviado un mensaje de texto. Este hecho, al parecer inconsecuente, en realidad no lo es: Uno pierde cierta virginidad la primera vez que envía un sms. Es un rito de paso que cada día se ejecuta a una edad más temprana, y que de alguna manera te integra a una comunidad global hipercomunicada en la que alrededor de dos mil millones de personas están a sólo un tecleo de distancia. Una comunidad en la que, por cierto, no importa el poderío económicopolíticomilitar del país donde ‘vives’. Yo fui a la escuela casi con las mismas herramientas que usaron mis padres (quizás el único cambio fundamental fue que yo usé calculadora). Los que van ahora a la escuela lo hacen en un planeta absolutamente distinto, un lugar en el que un maestro puede ser dejado en ridículo instantáneamente con una simple búsqueda en wikipedia. En otra escena de ese mundo, mis hijos no van físicamente a clases, descubren sobre el niño Jesús preguntándole a google, nadie nunca más es estafado en una tienda, llamar y recibir llamadas de voz es incómodo e innecesario. En ese mundo, la comunicación se realiza enteramente con neologismos y en general todos los medios impresos nunca conllevan la información necesaria. Dentro de poco, días apenas, toda una generación que no entiende la vida sin hipercomunicación tendrá edad de votar. Por primera vez desde la invención de la televisión, los líderes mundiales no tendrán ni una remota idea de la fibra que compone la vida de sus electores. Un abismo, una desconexión absoluta los separará del resto de la humanidad y su única esperanza de comunicación estará en aquellas almas piadosas que intenten explicarles de qué se trata la vida después del siglo XX. Será entonces durante esa próxima campaña, y no durante la segunda guerra mundial, no en abril del 76 ni en diciembre del 92, cuando comenzará la verdadera revolución digital.

Naranjas

Boschorange
Siempre que se me ocurre una frase, me alejo lo más posible del teclado. Gravito hacia las naranjas. La acidez, me han enseñado las mujeres, es excelente para silenciar ideas.

Inevitablemente cuando como naranjas, parado frente a la nevera, me acuerdo del ‘Freedom!‘ original: Carlos Cámara gritando el nombre de la fruta en español castizo, mientras la cámara se retira avergonzada en la última escena de El Enemigo, de Uslar Pietri. (gracias, salvapatria)

Luego de esto, las naranjas claro, es obvio recordar esta popular joya del modernismo:

This is just to say

I have eaten
the plums
that were in
the icebox

and which
you were probably
saving
for breakfast

Forgive me
they were delicious
so sweet
and so cold

-William Carlos Williams

… ciruelas que durante mucho tiempo me acompañaron desde la puerta de una heladera un tanto oxidada.

(luego de partir, WC Williams fue lo único que quedó con vida en ese hogar)

Icebox. Cajas. A veces, luego de lavar los platos, me detenía frente a la nevera y las ciruelas y pensaba en cajas de cartón, en sus fantásticas posibilidades, en el amor según las cajas de cartón que caben unas dentro de otras y, por lo tanto, se entienden.

Florence Williams entendió, su respuesta fue nota, título y poema, una primera línea en negrillas:

Reply

(crumped on her desk)

Dear Bill: I’ve made a
couple of sandwiches for you.
In the ice-box you’ll find
blue-berries–a cup of grapefruit
a glass of cold coffee.

On the stove is the tea-pot
with enough tea leaves
for you to make tea if you
prefer–Just light the gas–
boil the water and put it in the tea

Plenty of bread in the bread-box
and butter and eggs–
I didn’t know just what to
make for you. Several people
called up about office hours–

See you later. Love. Floss.

Please switch off the telephone.

Último elemento de una secuencia que obviamente comenzó con un reclamo, un destello en las entrañas de una naranja de relojería.

To make two bold statements: There’s nothing sentimental about a machine, and: A poem is a small (or large) machine made out of words. When I say there’s nothing sentimental about a poem, I mean that there can be no part that is redundant.

Prose may carry a load of ill-defined matter like a ship. But poetry is a machine which drives it, pruned to a perfect economy. As in all machines, its movement is intrinsic, undulant, a physical more than a literary character.

-WCW también (prólogo de The Wedge)

Ah si. Last but not least, un Miller retirado en Big Sur, claro está.

notas

Tengo los comentarios apagados por esta razón. Si te gusta este post, compártelo con tus amigos.

Return

Return

245 Wortman Avenue
East New York, Brooklyn

Forty years ago, I bled in this hallway.
Half-light dimmed the brick
like the angel of public housing.
That night I called and listened at every door:
in 1966, there was a war on television.

Blood leaked on the floor like oil from the engine of me.
Blood rushed through a crack in my scalp;
blood foamed in both hands; blood ruined my shoes.
The boy who fired the can off my head in the street
pumped what blood he could into his fleeing legs.
I banged on every door for help, spreading a plague
of bloody fingerprints all the way home to apartment 14-F.

Forty years later, I stand in the hallway.
The dim angel of public housing is too exhausted
to welcome me. My hand presses
against the door at apartment 14-F
like an octopus stuck to aquarium glass;
blood drums behind my ears.
Listen to every door: there is a war on television.

-Martín Espada
del libro The Republic of Poetry

notas Tagged

Tengo los comentarios apagados por esta razón. Si te gusta este post, compártelo con tus amigos.