Managua 6:30 pm

Managua 6:30 pm

En la tarde son dulces los neones
y las luces de mercurio, pálidas y bellas…
Y la estrella roja de una torre de radio
en el cielo crepuscular de Managua
es tan bonita como Venus
y un anuncio ESSO es como la luna

las lucecitas rojas de los automóviles son místicas

(El alma es como una muchacha besuqueada detrás de un auto)
TACA BUNGE KLM SINGER
MENNEN HTM GOMEZ NORGE
RPM SAF OPTICA SELECTA
proclaman la gloria de Dios)
(Bésame bajo los anuncios luminosos oh Dios)
KODAK TROPICAL RADIO F & C REYES
en muchos colores
deletrean tu Nombre.
«Transmiten
la noticia…»
Otro significado
no lo conozco
Las crueldades de esas luces no las defiendo
Y si he de dar un testimonio sobre mi época
es éste: Fue bárbara y primitiva
pero poética

Ernesto Cardenal

notas

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Esta semana en el iPod

Krupa

Gracias a dos grupos separados de rebeldes: las brillantes mentes detrás de YouTube y los creadores de ffmpeg, es posible desde hace un tiempo pasar los videos de YouTube a formatos más prácticos. De entrada no tiene mucho sentido (¿quién querría bajar videos de mexicanos haciendo estupideces?), pero al darse uno cuenta de que en YouTube está almacenada la memoria audiovisual de la humanidad del siglo XX, todo cambia.

Lamentablemente, el nacimiento de GoogTube probablemente marque el fin de una época. Estos y millones de videos más quizás nunca volverán a ser gratis (es decir, get them while you can).

Back to Gene Krupa’s syncopated style
La primera vez que escuché a Krupa fue a los 18 por recomendación del dependiente de una tienda de discos. Nunca escucho a los vendedores, pero esta sugerencia estuvo precedida por una discusión sobre el sonido de L7 vs. el de Pearl Jam. De esa conversación rescaté un disco que contiene evolution, un paseo de 8:24 por la historia de la percusión.

Krupa fue un genio. Sin él, la batería moderna, el rocanrol, la salsa brava y Tito Puente no existirían. En big band, su único par fue Buddy Rich, con quien hizo numerosas batallas y colaboraciones, como por ejemplo esta o esta. Pero si hay algo que rescatar, es este clip de la película sobre la vida de Benny Goodman, es Sing Sing Sing con un excelente solo de Krupa. Esos tipos eran las estrellas del rock y su influencia en el diccionario del lenguaje corporal del siglo XX es innegable.

Sigo buscando, en particular, un episodio capturado en película en el que Krupa comienza su solo y toda la banda se levanta para fumarse un cigarrito.

So What?
Hablando de estrellas, todos los que salen en esta grabación de So What son unos mochos (Miles, Coltrane, Kelly en el piano, Chambers en el bajo y Cobb en la batería). Esta es la filmación clásica de este tema. Clásica significa en este caso, por supuesto, que uno la ha visto un par de veces y nunca ha podido conseguirla.

É pau, é pedra, é o fim do caminho
Elis e Tom en el exacto momento en el que registran lo que es a mi juicio una de las grabaciones más hermosas de la historia de la música latinoamericana.

Ese pelón y la risa subsiguiente marcan el punto en la historia del universo en el que ésta deja de ser una versión de un buen tema y nace el arte. Es una fortuna inconmensurable para el resto de nosotros los mortales que exista el registro audiovisual.

música

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Justo lo que uno necesita

 Covers Sultans Of Swing 1

Esta configuración del 737-300 tiene unos asientos en la primera fila enfrentados al resto del avión. En un episodio freakipediano leí una vez que ciertos Tupolev (134, 154, no recuerdo) tenían asientos enfrentados y supuestamente era toda una experiencia montarse en ellos. No, no lo es. Al despegar siento que voy a caer como una piedra en la cocina.

Frente a mi dos niños gritan a todo dar. Pelean por la posesión de una pistola amarilla, galáctica. A mi lado, una tipa golpeada por la vida se come a su novio casi adolescente. Sobre el ruido de las turbinas se escuchan los salivazos.

El taxista pone música de relajamiento. Ríos, pajaritos y esas cosas. Se aguanta unos interminables veinte segundos antes de interpelarme orgulloso ‘¿Qué le parece la música, amigo?’. Acumulo todo el cinismo que me queda, ‘¡Excelente!’, contesto replicando su hiper-optimismo. ‘Justo lo que uno necesita al final del día’.

Flashback: Hace un tiempo, subiendo de la Guaira, el taxista nos pone Vivaldi y empieza a hacer Orchestral Manoeuvres in the Dark. En la peor jugada del día, Alejandro le pregunta ‘¿Le gusta la música clásica?’ Y el tipo se dispara un elocuente discurso interminable que nos enfrenta a la más cruda y violenta ignorancia musical jamás improvisada en el trópico.

Padre, he pecado. Pero es que también he puesto ambas mejillas. Así que perdóname si no discuto con los taxistas sobre política o rocanrol.

Mágicamente no hay tráfico en la excusa para carretera que conecta con la ciudad. Una vez arriba, la situación es otra pues Caracas funciona de la siguiente manera: si no te agarra La Araña, te agarra El Pulpo, y si no, El Ciempiés. La cola es un hecho de Caracas, como el Ávila y las mujeres hermosas. Esquivarla es desafiar a los dioses.

Frente al Jardín Botánico atropellan a un indigente cinco minutos antes de que nosotros pasemos. Se genera un embotellamiento de mil caraqueños que pasan lentiiiiico con el único propósito de hacernos perder una hora de nuestras vidas. Una hora con música de relajación y el taxista preguntándose en voz alta qué va a cenar. Una hora de elucubraciones de viernes por la noche en la que discutimos, por ejemplo, la mecánica de los airbags, ‘¿como sabe el carro cuando liberar la bolsa? ¿por qué el talco ese que traen huele tan mal? ¿por qué es imposible de limpiar?’. Hay algo esotérico en los airbags, ‘algo malo debe tener ese polvillo que lo cubre todo’, es nuestra conclusión mientras pasamos junto a una sábana manchada de sangre.

Luego de hora y media de olas, cascadas y viento, el tipo pone la radio. Salsa, Shakira, una entrevista con una Ex-Miss en decadencia, el final de Penny Lane, ‘qué arrechos los Beatles… perdone la expresión’, dice el taxista. Ahí comienza Sultans of Swing y enfilamos por la avenida donde queda mi edificio. Suena duro, como los temas excelentes suelen sonar cuando es medianoche y uno está cansado. ‘Dire Straits’, dice, recordando más a la época y lo joven que era, que a Knopfler. ‘También arrechos’, le digo. El tipo asiente. Sultans of Swing es toda una pieza. Un excelente cuento sobre nada. Creo que eso es lo que dice O.

Me doy cuenta de que vamos a llegar al edificio y todavía falta, falta, no no no, más lento, falta… Llegamos.

‘¡Ya va ya va! El solo, EL SOLO. No me bajo antes del solo’. El tipo me mira raro. Le señalo la radio y marco con el dedo el último compás antes de armar la guitarra de aire y lanzarme: ‘Piiiiiiwn piwnpiwini piiinwipiiiinwipinpwinpwin piriwinipiriwin parawarawawarawarawarawa pinwiriwiriwinwiri piriwiwiriwiriwin parawararawarawararwarwa parawaaa parawaaa parawaaaa wawawaaaaa… Piripiripiripririrí piripiriririririrí Piripiripiripririrí piripiriririririrí Piripiripiripririrí piripiriririririrí Piripiripiripririrí piripiriririririrí Piripiripiripririrí piripiriririririrí Piiiiin piri pi pi pirirí. ¿Cuánto le debo?’

‘Ochenta y cinco ¿Qué le pareció la música?’

‘Excelente amigo. Justo lo que uno necesita al final del día’.

música, notas

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