Mármol

cote

He entendido que uno de mis asideros durante la emigración ha sido descubrir, en cada país en el que he vivido, cuál es exactamente el corte de carne que va con mi estética. Butifarras y chorizos en España o filetes de canguro en Australia  (supongo que también cuenta el asado de tira de aquella carnicería argentina en Barcelona).

Pero lo que ha sucedido con el Côte de Bœuf es algo tan trascendental que ahora me sorprendo, de vez en cuando, en el pasillo de las carnes, imaginando la continuación de esas vetas de sabor asomadas en la superficie. Mirando, sólo mirando. Perdido en ese mármol carmesí. Soñando.

 

En la ciberguerra no hay espacio para la diplomacia, ni la libertad

Glenn Greenwald and David Miranda

El estado que está construyendo ese formidable aparato de vigilancia hará lo que pueda para impedir que los periodistas lo investiguen. La mayoría de los periodistas pueden verlo. Pero me pregunto cuántos habrán entendido realmente la amenaza absoluta al periodismo implícita en la idea de la vigilancia total, cuando llegue, si es que llega – y, cada vez más, parece ser «cuando llegue».

No estamos allí todavía, pero no pasará mucho tiempo antes de que será imposible para los periodistas tener fuentes confidenciales. La mayoría del periodismo –en realidad, la mayoría de la vida humana en 2013– deja muchas huellas digitales.

, editor de The Guardian, luego de ser testigo de un momento sin precedentes en la historia del periódico: dos agentes de inteligencia los obligaron a destruir los discos duros que contenían los archivos sobre Snowden. Todo está relatado en este artículo que desnuda al estado policial.

Terrible. O semi-terrible, pues al final los periodistas de The Guardian operan en múltiples países y esos archivos están más que respaldos en otras partes del mundo (¿un trabajo para Bond?).

Por cosas como estas es que Strongbox, el regalo de Aaron Swartz al mundo, es tan importante. Una herramienta digital para proteger a las fuentes anónimas, que sin duda tomará más relevancia a medida que los estados vayan destruyendo la libertad de expresión en nombre de lucha contra el ciberterrorismo.

Esto me recordó un artículo de Cringley que leí en estos días en el que avisora la nueva amenaza permanente:

He aquí el genio de esta nueva amenaza: cada país, cada compañía, cada individuo con habilidades técnicas pude ser visto como una amenaza cibernética. Lo harán por poder, dinero, patriotismo, religión –las razones son tan variadas como las etnias de los participantes.

Pero esta vez, verán, no podemos ganar nunca, ni siquiera podemos pensar en hacerlo. La ciberguerra durará para siempre. Las amenazas evolucionarán, los enemigos serán demasiado numerosos, y porque estaremos librándola juntos como nación, también existe la posibilidad de venganza y retribución.

Una amenaza permanente que, por ejemplo, justificará derribarte la puerta por googlear cómo funciona una bomba de olla arrocera. Por cierto, de ese artículo:

Estaban atacando a mi esposo con preguntas. ¿De dónde era? ¿De dónde son sus padres? Me preguntaron a mi, dónde estaba, dónde trabajo, dónde viven mis padres. ¿Tienen bombas?, preguntaron. ¿Tienen una olla a presión? Mi esposo dijo que no, pero tenemos una olla arrocera. ¿Puedes hacer una bomba con eso? Mi esposo dijo que no, mi esposa lo usa para hacer quinoa. ¿Qué diablos es quinoa?, preguntaron…

LOL

Cómo trolear a los piratas

priate-message

En la internet todos buscan una manera de no pagar por el software. Pocos tienen la empatía necesaria para entender que no todo el mundo trabaja en megacorporaciones como Microsoft o Adobe, que hay gente que vive al día con lo que hace y, a diferencia de los músicos o los escritores, los programadores no pueden dar conciertos ni conferencias para obtener ingresos extras.

Es normal, muchos podemos detectar el doble rasero cuando se trata de nuestros colegas, pero somos incapaces de reconocer el esfuerzo de una persona que trabaja en otra profesión. Por eso, vemos escritores que nunca pagan por los discos de artistas independientes, o músicos que leen libros bajados sin pagar. Nótese que no me estoy excluyendo.

En Abril de 2013, Greenheart Games lanzó Game Dev Tycoon, un simulador de una compañía de desarrollo de software. En él, muy al estilo de otros clásicos del género como Railroad Tycoon, el jugador debe construir un imperio de desarrollo de software partiendo desde los 80s, en el típico dormitorio de un adolescente.

Como cualquier otro desarollador independiente, la gente de Greenheart Games estaba preocupada por la piratería. Su juego apenas costaba $8 y tenían poco margen de ganancia.

Así que subieron ellos mismos una copia de su juego a los sitios de torrents.

¿Qué?

Si, el detalle es que la versión que subieron estaba modificada:

La versión crackeada era casi idéntica a la versión real, excepto por un detalle… Inicialmente pensamos en decirles que su copia era ilegal, pero en lugar de eso no queríamos dejar pasar la oportunidad única de mostrarles un espejo y enseñarles lo que la piratería le hace a los desarrolladores de software.

De esta forma, cuando en la simulación uno de tus juegos tiene relativo éxito, la gente comienza a piratearlo y finalmente, tu empresa quiebra. Pronto comenzaron a aparecer posts en distintos foros de gente desesperada preguntando cómo hacía para combatir la piratería en un juego que habían pirateado. Epic trolling.

Todo está relatado aquí: Qué sucede cuando los piratas juegan un simulador de desarrollo de juegos y quiebran por culpa de la piratería. Un post redondo sobre la doble moral invisible para muchísima gente.

Sólo recuerdo dos medidas como esta: una en Batman Arkham Asylum (el juego funciona normal, excepto que la capa no se abre y por lo tanto no puedes usarla en una parte clave) y en Michael Jackson The Experience DS, en el que todas las canciones son reemplazadas por vuvuzelas. Pero en IGN puedes leer sobre otras estrategias como esta.

 

crack, hacking

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