Relación de un minuto en la historia del universo

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Harry, de manera casual, le pregunta al dependiente de la cafetería: “Dime, ¿el Ford crema sigue estacionado enfrente?”

“Si”

“¿Con el motor andando?”

“¿Cómo podría saberlo?”

“¿Sale humo del escape?”

“Demonios, mira toda esa contaminación”

Sin alterarse siquiera un poco, Harry toma un papel y escribe mientras dice “Llama a este número y diles que el Inspector Callahan dice que hay un 211 en progreso en el banco”

Mientras el dependiente llama, Harry le da un mordisco a su perro caliente y comenta “Ojalá esperen hasta que llegue la caballería”

En eso suena la alarma del banco. “Oh mierda” dice Harry casi con obstinación y se levanta, desenfundando un revólver con un cañón de medio metro. Atraviesa la calle. Sale el primer ladrón y -convenientemente- Harry recibe el primer disparo de escopeta antes de apretar el gatillo y hacer volar al tipo. Todavía masticando el perro caliente, Harry se encarga de despachar a los otros dos que se montan en el carro e intentan atropellarlo. El carro pierde su rumbo y se estrella contra el proverbial hidrante.

Varias mujeres gritan, automóviles chocan entre si. Harry, todavía sin tragar, se revisa una pierna, sólo unas gotas de sangre. Atraviesa lentamente la fina cortina de agua que lo separa del primer ladrón que le disparó. El tipo, herido en el piso, mira rápidamente en dirección a la escopeta, a escasos centímetros de su mano inquieta. Harry le apunta:

“Sé lo que estás pensando… ¿He disparado seis veces o sólo cinco? Si te digo la verdad, con todo este ajetreo, yo mismo he perdido la cuenta. Pero considerando que este es un Mágnum .44, el revólver más poderoso del mundo, que puede volarte la cabeza de un solo disparo, la pregunta que deberías hacerte es ¿Me siento con suerte? … Bueno… ¿Te sientes, vago?”.

El ladrón se queda quieto. Llega la caballería. Harry se voltea, comienza a irse.

“¡Espera!” -dice el ladrón- “Tengo que saber…”

Harry se acerca, le apunta y hala el gatillo.

Click.

En ese minuto de la historia, Clint Eastwood hace tres cosas de manera impecable: se separa de su papel del vaquero sin nombre (¿Quién? ah si, él hacía westerns también), inaugura el arquetipo urbano del policía temerario, políticamente incorrecto, repetido ad nauseatum hasta hoy; y por último, entra para siempre en ese sanctum sanctorum reservado sólo para aquellos duros del cine que alguna vez dijeron lo justo en el momento preciso.

cine, destacados

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Daniel Pratt

Emprendedor, artista de calle, aficionado a los medios sociales, fan de PHP, amante de psql, geek. Vamos a morir pronto. Lo que queda es amar, disfrutar de nuestras glorias, miserias y afinidades electivas.

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