Say hello to iMac (again)

Eberhard Faber B, Moleskine, Lettera 32, Verge de France, Meisterstück WI, Aeron. Creo en los fetiches del escritor. Creo también que en cualquiera que sea el oficio, los instrumentos deben trabajar para el hombre. No al revés.

Por eso no tolero las interfaces de los celulares. Por eso no uso ciertas máquinas sin que me paguen.

A pesar de la Internet y Príncipe de Persia, usar computadoras en los 90s fue, en su mayor parte, un ejercicio de tristeza. Es una pequeña tragedia convencerte (por locura o con hechos) de que tu principal herramienta de trabajo no sirve, carece de filo, se astilla.

A finales de 1996 me cansé de la internet según Windows95 e instalé NT4. Nada mejoró sustancialmente, pero al menos podía navegar entre pantallazos azules. Windows hacía del mundo un lugar horrible.  Necesitaba una alternativa si quería seguir usando computadoras.

Fast forward año y medio. Apple, “la empresa que comenzó la revolución digital”, se encontraba en un foso de mil millones de dólares, en los predios de una catástrofe anunciada por todos. Steve Jobs, fundador, enfant terrible desterrado en 1985, fue llamado de vuelta y el 6 de Mayo de 1998, anunció el primer producto de la reorganización de Apple.

Apelando al capital sentimental del Macintosh original, Jobs se jugó lo que quedaba de la compañía en una máquina para el hogar, hecha de plástico traslúcido. Inaugurando una tendencia, su nombre venía precedido por la ‘i’, de Internet.

No tenía floppy, ni puertos estándar. La única forma de conectar periféricos y extraer información físicamente era vía USB, una nueva interfaz cuyo éxito estaba en dudas.

A pesar de que en un mundo interconectado los diskettes son irrelevantes, todas las reseñas especializadas criticaron la falta de medios removibles. Esa misma gente cuestionó después la falta de radio en el iPod y el año pasado presagiaba el fracaso del iPhone por la ausencia de funciones que algunos consideran relevantes.

Desafiando pronósticos, en cinco meses el iMac rompió todos los récords de ventas e hizo que Apple fuese redituable por primera vez desde 1993.

Como con casi todos los productos de Apple, la estética del iMac fue en parte responsable por su éxito. Con un diseño industrial revolucionario, el iMac parecía venir desde cinco años en el futuro. Era para entonces, junto al New Beetle, la única pieza de ingeniería que pertenecía al siglo XXI.

El iMac fue la primera de una serie de apuestas arriesgadas que cambiaron para siempre, una y otra vez, el mundo de la informática.

Mi primera iMac llegó el 19 de Agosto de 1998. Una máquina de los primeros lotes, con las nuevas calcomanías de Apple y una camiseta. De la caja a la Internet tardé seis minutos. Un reto imposible para la época.

Esa fue la primera PC en la que pude escribir por el puro placer de hacerlo. Diez años después, no puedo usar Windows sin resollar. Diez años después, no entiendo por qué no han atacado la raíz del problema de los virus. Diez años después, los competidores de Apple todavía tratan de fabricar una máquina que evoque la imaginación e inocencia de esa primera iMac, hoy en día una curiosidad arqueológica, que envejece con cierta gracia.

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