afinidades electivas

La logística de migrar

Hay gente que encuentra confort en los objetos y se define por los adornos que muestra, los libros de su biblioteca, los muebles. Conozco a muchos y he sido castigado en Facebook con su drama a la hora de coordinar cómo llevarse sus pertenencias a otro país. Esa prisión es cruel, porque terminas pagando transporte y alquiler para estar cerca de las cosas que has acumulado.

La mayoría descubrimos, tarde o temprano, que cada alfiler que te llevas tiene un costo asociado y el valor sentimental de las cosas dura hasta el primer día que te quedas sin plata y sin trabajo y no puedes comerte los libros.

Pero he visto que, incluso para los más acaparadores, los objetos van perdiendo valor luego de la segunda migración. Esto es porque tu vida se fragmenta cada vez que cambias de país. Si repites y repites, llegas a un punto en el que sólo viajas con tu pasaporte, tus afectos y la memoria.

Cuando conoces a gente que ha migrado tres o cuatro veces –y no son diplomáticos de carrera– descubres en sus ojos y en su manera de hablar que algo adentro se rompió. Yo me aventuro a decir que eso se debe a que te desprendes de todo una y otra vez. Y cuando digo todo, no hablo de objetos solamente.

Son cosas muy difíciles de transmitir o contar, porque la secuencia de eventos que ocurren entre tomar el bus con tus dos maletas y sobrevivir tu primer mes sin llorar, no responden a un proceso estructurado. No hay una secuencia de pasos para la estabilidad del migrante.

Muchos –casi todos– creen que migrar es mudarse. Pero en realidad, el mayor reto logístico está en reacomodar tu mente. Nadie te avisa ni te aconseja cómo será. Nadie te cuenta sobre aprender a hablar otra vez, sobre el desarraigo, el fracaso inminente, la sensación perenne de que estás siempre uno, dos, veinte pasos por detrás en todos los aspectos; sobre el vértigo cuando te das cuenta de que el país que elegiste para morir no puede darte lo que buscas, otra vez. Nadie te explica que migrar es desprenderse una curita muy, muy lentamente y si lo haces varias veces, dejas de sentir dolor.

 

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