Desempacar sólo lo necesario, asegurarse de dejar interiores y calcetines –la mejor manera de evitar un accidente, es llevar ropa interior extra. Sacar los encargos, los documentos que hay que transportar de un país a otro, sacar el bolsito de los cables (lightning, micro, mini USB, cargador, din splitter) y las tarjetas sim, sacar los audífonos, las dos laptop, el iPad, el iPhone de reemplazo, los cargadores de cada uno, meter todo en el morral de la oficina. Dormir. Ir a la oficina y trabajar. Volver a casa, empacar la ropa que falta, empacar los encargos, los documentos que hay que transportar de un país a otro, las dos laptop, el iPad, el iPhone de reemplazo, los cargadores de cada uno; revisar que el morral de la oficina y empacar lo que olvidaste mencionar, el bolsito de los cables, revisar los niveles de desodorante, colonia, pasta dental, jabón, colocar el morral de viaje en la puerta a manera de recordatorio. Comprar el billete de bus, check-in en el vuelo, revisar que el boarding se haya agregado automáticamente en el teléfono, foto al boarding, compartir a DropBox, compartir al calendario, revisar por cuál aeropuerto es la conexión, contemplar si vale la pena pagar los 8 francos por el fast-track de seguridad, revisar si la lista de Netflix está al día y se descargó en el iPad, volver a empacar el iPad. Poner la alarma. Desmayarse. Callar la alarma de las 4am, callar la alarma de las 5am, ducha, carrera, audífonos, podcast, olvidar algo en casa. Bus, oficina y trabajar. Callar la alarma de las 4pm, callar la alarma de las 5pm, audífonos, podcast, bus. Bajarse en el aeropuerto, entrar al supermercado y comprar un croissant de Sils con carne de los Grisones, hacer la cola de seguridad, lamentarse de no haber pagado los 8 francos por el fast-track, pensar en tus hijas, tu esposa, tus padres, todos los amigos a los que no has llamado. Pensar en Venezuela. Sacar los dispositivos electrónicos con antelación, dejar pasar estratégicamente a algunas personas para caer en una cola con viajeros experimentados, en un movimiento coger 4 bandejas y colocar las dos laptops, el iPad, el morral, el reloj, la correa, los zapatos, los líquidos —que nunca han dejado de estar en una bolsa transparente. Contemplar si debes pagar 8 francos por una cerveza, pensar en el día, en las cosas que has tenido que oír y decir, pedir medio litro de Erdinger mientras envías un sms para la clave del wifi. Editar el podcast, apagar el wifi del iPad y verificar que las descargas no están bloqueadas. Reportarse por WhatsApp. Esperar el último llamado, esperar a que todos hayan embarcado y el túnel esté vacío, embarcar, sentarse en el primer asiento libre, hola, abrir completamente la válvula de aire acondicionado y apuntarla hacia tu cabeza, colocarse los audífonos, adiós, mirar la pantalla. Poner la sim española. Escala, reportarse por WhatsApp, cruzarse con otro venezolano, comer el croissant de Sils con carne de los Grisones, completar el litro de cerveza. Pensar hacia dónde se va el tiempo. Esperar el último llamado, esperar a que todos hayan embarcado y el túnel esté vacío, embarcar, sentarse en el primer asiento libre, hola, abrir completamente la válvula de aire acondicionado y apuntarla hacia tu cabeza, colocarse los audífonos, adiós, mirar la pantalla. Salir del aeropuerto, saludar, conducir a casa, saludar, cenar, quizás un último whisky. Desempacar sólo lo necesario, asegurarse de dejar interiores y calcetines –la mejor manera de evitar un accidente, es llevar ropa interior extra.
Maniac
Comedia del absurdo mezclada con ciencia ficción y nostalgia por universos alternativos, una historia impulsada por la melancolía y el instinto de supervivencia, un poco de Dr. Who, con dimensión desconocida, en un mundo retrofuturista imaginado en 1983 por un fan de Charlie Kaufman. Hay varios momentos dentro de Maniac que capturan la razón de ser del cine. Cuando comencé a verla, no imaginaba que sería tan divertida, profunda y —sobre todo— humana, en medio de toda la locura o, mejor dicho, muy humana por toda la locura. Un experimento médico que se transforma en una parábola sobre la naturaleza de la amistad, el lugar que habitan las personas que queremos y cuál es el significado de estar sano.
Un regalo especial fue pillar este cartucho de expansión de 16K de Aquarius durante un momento cumbre del capítulo final. Hablando de nostalgia, si viviésemos en otro tiempo seguramente habría un tumblr que catalogaría todos los detritos de los 70s y 80s que pululan en el universo de Maniac.
Babylon Berlin
¿Un neo-noir de 16 horas durante la República de Weimar? ¿Dónde firmo para ver esto?
Babylon Berlin me mantuvo yendo a Wikipedia cada quince minutos. El cuidado en los detalles y el desarrollo de los personajes me recordó mucho a Mad Men. La música, el tono de la narrativa y el estilo visual de la serie, hacen que parezca un musical de Kurt Weill, una película de Fritz Lang o un cuadro de Otto Dix o Kirchner. Las secuencias de ciudad parecen inspiradas en Berlin, die Symphonie der Großstadt; porque Babylon Berlin es también una oda a una ciudad brillante pero efímera, al borde de una era de oscurantismo. Hablando de eso, el mayor logro de la serie es contar historias en este periodo histórico sin caer en el tema del nazismo. Los nazis están por ahí, sí, pero no tan relevantes para la historia como los comunistas o los militares nacionalistas, forman parte de la decoración, como muchos otros grupos en una época tumultuosa en la que nadie imaginaba lo que sucedería. En ese sentido, me recordó mucho al Berlin, de Jason Lutes, hasta el punto en el que a ratos parece una obra derivada o, al menos, una lectura complementaria. Si la serie continua, es de esperarse que juegue con nuestras apuestas sobre quiénes hacen la transición más rápida hacia el estilo de vida nazi.
De todo el tiempo que invertí en Wikipedia, poco puedo transcribir aquí sin hacer spoilers. Dicho esto, tres cosas que que aprendí viendo esta serie:
Mack The Knife originalmente viene de una obra de teatro escrita por Bertolt Bretch en los años ’20. Eso me llevó a enterarme de que Alabama Song, de The Doors, es un cover de otra obra de la época, y la original es increíble:
Sabía del shell shock y que los veteranos se quedaban pasmados, pero no sabía que temblaban.
Paternoster, el precursor de los ascensores.



