Amor hiperlocal

Pregón de cuatro esquinas

Google maps es la aplicación más exitosa -y obvia- de los GPS en teléfonos celulares.

Foursquare es la segunda. Una red social en la que compartes el lugar en el que estás, con miras a notificar a tus amigos, o conocer nuevos.

La forma más rápida y obvia de capitalizar Foursquare fue convertirla en una plataforma mercadeo hiperlocal –promocionar lugares cercanos a tu ubicación, a menos de 1km de distancia.

Si nunca lo has usado, permíteme agregar que foursquare es menos molesto de lo que parece. Cada vez que haces checkin –te registras en un lugar– la aplicación muestra las promociones que tienes cerca, potencialmente influenciando tu decisión acerca del local en el que estás a punto de entrar a comer.

A pesar de que te premia por cada checkin y te pone a competir con tus amigos, no se si a largo plazo foursquare sea rentable.  Lo que sí se, es que esa tecnología es inevitable.

 

Todos estamos solos en esta carrera

La vida moderna crea legiones de personas solitarias. La sección Missed Connections (conexiones perdidas) de Craigslist, el sitio de clasificados más popular del mundo, es una galería tragicómica de encuentros fugaces al estilo:

Te vi al otro lado de la calle en Broadway (y Prince). Estaba parada frente a un Dean and Deluca. Nunca he escrito uno de estos. Estabas al otro lado de la calle caminando hacia el este vistiendo una franela verde, lentes, y botas. Tenías un brazo roto y estabas fumando. Estoy segura de que nos miramos mientras cruzábamos la calle. Yo llevaba un abrigo, mallas, botas y cargaba café.

Te vi anoche (¿como a las 11:30?) mientras caminaba hacia el norte a través de Nolita. Estabas entrando en tu edificio y volteaste a verme mientras pasaba. Eres una morena muy atractiva. ¿Te suena? Ojalá te conociera, vecina.

 

Hace unos meses vi una exposición –You Are Here → Mapping the Psychogeography of New York City– en el Pratt Institute ;) en la que había un trabajo de Ingrid Burrington, The Center of Missed Connections. En él, la artista traza en un mapa los anuncios de Missed Connections y hace hallazgos interesantes, como por ejemplo «el corredor central de la soledad en Nueva York», la calle 14.

Lo que más me gusta de The Center of Missed Connections es el giro artesanal a nuestra recién adquirida habilidad para trazar datos y convertirlos en arte.

we love datavis

(Ingrid, me gustó tu trabajo. Tenía lentes y estaba de mal humor…)

 

Cómo se enamorarán nuestros hijos

Así que tarde o temprano, estos eventos nos iban a llevar a el fin de la raza humana algo como StreetMatching, un sitio en el que registras y buscas en un mapa los «flechazos» que has tenido con otros, esperando toparte con ese extraño.

¿Raro? ¿engorroso? Sip. Al igual que foursquare (o facebook o twitter), su éxito depende de la cantidad de usuarios que se registren. Quizás es una idea un poco adelantada. Pero inevitable.

 

Yo maté a Simón Bolívar

Vicente Ulive-Schnell acaba de publicar en Amazon la versión física de «Yo maté a Simón Bolivar», dos novelas sobre los sucesos del 11 de Abril de 2002 en Venezuela, fundidas en un libro-objeto que puede leerse al derecho y al revés.

Cada novela –apropiadamente llamadas ying y yang– está escrita desde la óptica de los dos bandos que se enfrentaron el 11-A, con historias que, siguiendo el proverbial dicho sobre los extremos, se tocan y entrecruzan. Vicente recurre a distintos estilos y personas narrativas para reconstruir el zeitgeist de esos días, la locura de la intriga política desde el punto de vista de todos los actores del golpe: civiles, militares, y ¡hasta una bala!

Por la misma forma como está construida, me parece que más que una novela, es un libro de cuentos con algunos temas y personajes recurrentes.

Vicente aprovecha para canalizar su opinión sobre los dos discursos predominantes de la época, y pienso que en algunos casos se le va la mano con la prédica. Sin embargo, su propio estilo le salva, pues al final no es fácil detectar si está condenando un discurso, o burlándose irónicamente de los que podrían condenar ese discurso.

Yo me reí como quien se ríe durante una de estas rutinas de stand-up en los que el comediante señala lo ridículas que son nuestras vidas. También, me reí de asco y de vergüenza cuando reconocí a una versión de mi dentro de ese universo de venezolanidad. En algunas escenas, Vicente transita de manera brillante entre el absurdo de la realidad y la lógica de la ficción.

Siempre pregunto ¿dónde está la película que narra los momentos álgidos de la revolución bolivariana? Bueno, esta es una novela.

Puedes comprarla aquí

o si prefieres la edición digital (aunque no es tan divertida como leer el libro para adelante y para atrás):

compra Ying
compra Yang