
La similitud con Coldplay llega hasta allí. Lisztomania es una referencia a la popularidad de Frank Liszt entre las jóvenes de su época y a la película que incorporó al mainstream la idea de un Liszt romántico y extravagante. Un comentario erudito que con el que podría intuirse que las aspiraciones de Phoenix trascienden a la falsa pomposidad y los significantes judeocristianos de Chris Martin y compañía.
Los teclados de 1901 y la vocalización de Fences, segundo y tercer tema, respectivamente, evidencian que el grupo comparte escena con –y rescata ideas de– sus compatriotas de AIR y Justice. Luego de Love Like A Sunset, una suerte de homenaje al krautrock, el juego de referencias gravita hacia preocupaciones más mundanas: «Do you remember when 21 years was old?», añora Thomas Mars en Countdown, y «Farewell, till you know me well», en Girlfriend. Algunas ideas de angustia y preocupación, pero cantadas con alegría. Como toda gran obra pop, sin prestarle atención a las letras, Wolfgang Amadeus Phoenix suena como una celebración de la vida.
Este disco también rescata elementos del revival post-punk de Nueva York –el start-stop de Interpol, la repetición en las letras de The Strokes– pero a diferencia de sus contrapartes americanos, Phoenix elimina toda la grasa y expone el asunto en media hora, con meditación instrumental incluida. Una brevedad que obliga a su repetición, que lo convierte en soundtrack de verano, y en el mejor disco pop del año.
La regla principal del pop indie en el último año ha sido explotar hasta el agotamiento el sonido de Vampire Weekend. Probablemente no existan personas mejor preparadas para ello que los integrantes de Discovery.