El amargo sabor de la Patria

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Ese último kilo de café nos lo bebimos con premura, haciendo varias coladas al día, llenando la greca más de lo necesario. Queríamos que se acabara pronto, porque ese último kilo de café era el peor que habíamos probado en la vida.

Era un café saborizado, uno de esos Frankenstein que la menguada industria del café venezolano inventa para poder evadir el control de precios. Al principio comentábamos lo desagradable que era, e inmediatamente nos sentíamos mal por todos nuestros familiares y amigos que continuaban atrapados en Venezuela. Nos bebimos ese elixir de culpa por respeto a quienes habían hecho el sacrificio de traérnoslo, por compromiso, como quien come una hallaca ácida en casa ajena: rápidamente, en silencio, tragando grueso la vergüenza.

También nos trajeron Toddy. «el Toddy siempre me ha sabido a tierra», dijo Mónica y hasta allí llegó mi añoranza por el Toddy. En efecto, ahora me sabe a tierra. Los Pirulines estaban aceitosos y dejaban un sabor raro en la boca. Cuando se los di a probar a unos amigos, tuve que hacer la salvedad de que «antes eran mejores». Antes en mi mente. La memoria gustativa puede ser traicionera.

Mónica tiene un cuento sobre esto: cuando llegó a España, trató de encontrar un sucedáneo de las Sorbeticos. Las Artinata se le acercaban, pero no eran iguales. Así que la primera vez que volvió a Venezuela, llegó directo al abasto para comprarse varios paquetes de Sorbeticos. Toda su ilusión se vino abajo al probar el primero y darse cuenta de que ya no eran (o nunca fueron) esa maravilla cremosa que recordaba, sino unas barquillas grasientas. El sabor a aceite de girasol duró toda la tarde.

¿Soy yo o tú también lo sientes? ¿Algo ha cambiado?

Una forma de infierno es darte cuenta de que tus chucherías de la infancia son desagradables. Pero ¿soy yo sólo? ¿qué pasó con la cerveza, el ron –oh, el ron– y todos esos tópicos venezolanos que nos hacían sentir orgullosos? ¿el Toddy siempre supo a tierra? ¿Los Pirulines fueron siempre una mentira o es culpa de estos tipos que destruyeron toda la producción de alimentos en 15 años? Me queda la duda ¿ves? Y tengo que vivir con esa duda hasta que me muera.

Afortunadamente todavía queda la Harina Pan de Polar. Nuestra gran contribución biotecnológica. Eso sí, la fabricada en Colombia, porque la venezolana, si se consiguiera, no me atrevería a probarla.

La increíble manera cómo Michael Jackson escribía música

Para ser músico no hace falta tocar un instrumento:

One morning MJ came in with a new song he had written overnight. We called in a guitar player, and Michael sang every note of every chord to him. “’Here’s the first chord, first note, second note, third note. Here’s the second chord first note, second note, third note’, etc etc. We then witnessed him giving the most heartfelt and profound vocal performance, live in the control room through an SM57.

He would sing us an entire string arrangement, every part. Steve Porcaro once told me he witnessed MJ doing that with the string section in the room. Had it all in his head, harmony and everything. Not just little eight bar loop ideas. He would actually sing the entire arrangement into a micro-cassette recorder complete with stops and fills.

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música

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El mapa más triste, un análisis de Missed Connections

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Hace unos meses, Adriana Pérez Bonilla y Gustavo Valle escribieron a cuatro manos sobre el amor en panfletonegro. En ese post, Adriana escribió sobre las Missed Connections (tema de fascinación mutua) y luego, unos días después, compartió la mejor missed connections de la historia.

(…)

For sixty years, we sat in that car, just barely pretending not to notice each other. I got to know you so well, if only peripherally. I memorized the folds of your body, the contours of your face, the patterns of your breath. I saw you cry once after you’d glanced at a neighbor’s newspaper.

(…)

Gracias al big data, ahora podemos hacer mapas de conexiones perdidas. Algo como lo que hace Ingrid Burrington, pero a mayor escala. Andrew Sullivan tiene el resumen de un estudio de Dorothy Gambrell sobre el estado de las conexiones perdidas en EEUU:

Now look at the South – more people spy love at Wal-Mart than anywhere else, from Florida all the way to New Mexico. And that thread runs all the way through deep red America. Only Oklahoma cites the state fair as a mixer. The rest see each other under the merciless lighting of the giant super-store. This is how we fall in love or lust, where we flirt and look back: when we’re shopping. The big cities – like NYC and DC – showcase the random human interaction on the subway or metro. The Northwest has it all going on on buses.

El infierno es ese lugar en el que tus únicas aventuras, tus únicos momentos de añoranza, ocurren en Walmart.

 

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