Noviecitos de secundaria (Esta semana en el iPod)

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What kind of fuckery is this? You made me miss the Slick Rick gig

El primo me envió el segundo disco de Amy Winehouse. Qué swing. Una rareza R&B postmoderna, un disco casi tan poderoso como el estreno de Macy Gray.

Debo confesar que la tipa had me at hello. La primera frase es “Trataron de hacerme ir a rehabilitación y yo dije ‘no, no, no’ ” -Nada que empiece así puede ser malo.

Back to Black, el tema homónimo, es una pieza de despecho que, con una riesgosa selección de palabras, abre todo un nuevo territorio para las divas:

He left no time to regret
Kept his dick wet
With his same old safe bet

(y además, confieso, una canción con pegada para todos los que pensamos que volver con antiguo novio/a es un acto que evidencia resequedad cerebral y mezquindad de alma)

La voz de Winehouse es un éxito instantáneo. Un poquito de la Vaughan y otro de la Simone, con un toque de Al Jarreau. Lástima que, como dice el primo, a menos que la tipa tenga los genes de Keith Richards, la vamos a perder pronto.

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De películas de época con anacronismos tenemos una colección. Prácticamente es una categoría aparte; dentro de la cual, Marie Antoinette no es especialmente un buen ejemplo.

Pero tiene sus logros, entre ellos: el retrato de la reina adolescente, los ya míticos dientecitos de Asia Argento, el toque de genialidad que fue poner unos Converse en la secuencia de los zapatos, y ese Luis XVI, un tipo perdido en circunstancias extraordinarias, que le queda tan bien a Schwartzman.

Pero independientemente de cómo funcione la película, el soundtrack es clase aparte. Tarantinesco (o Crowenesco) en su perfección, es una evidencia más de que, antes de que ella se volviese intensa y yo cínico, la Coppola y yo fuimos noviecitos de secundaria.

Ejemplo puntual: la secuencia de la coronación de Luis XVI comienza con Plainsong, el track que abre Disintegration, y es rematada con Celebration de New Order (uf).

Al día siguiente, camino al trabajo, escuché Disintegration completo por primera vez en, al menos, diez años. Hay ciertos discos que luego de que te mueres es que te das cuenta de su importancia. Sería imposible hacer Disintegration hoy en día, es una monstruosidad que, de no haber ocurrido Nevermind, hubiese definido los 90s.

(otras joyas en este soundtrack: I want candy, de Bow Wow Wow y Hong Kong Garden, de Siouxie & The Banshees)

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El nuevo disco de Belanova es aún más superficial que el anterior… y aún más irresistible. Perdida en la máquina, la voz de Denisse apenas conserva un rasgo humano (y probablemente la favorece), mientras reparte levedad con cosas como: “Baila mi corazón/Baila para los dos/Si que es amor”. Pegajoso como si fuese producto de un pacto con el diablo y fiel a su nombre, Fantasía Pop es EL disco para mascar chicle y tararear.

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