Mi 2011 en música

Enero

El soundtrack de mi último mes en Caracas fue el Hombre Bala, de Tomates Fritos. Muchas veces quise regresar y olvidarme del camino.

 

Febrero

Me mudé a Barcelona y mintina me dio unas canciones para viajar (¿sobrevivir?). De esas, Diario De Viaje, de Federico Aubele, fue clave para caminar durante ese primer mes.

 

Lotus Flower aterrizó en la cultura pop. Nunca nadie más bailó igual en un video.

 

Marzo

Estuve 5 días pintando mi piso (y maldiciendo por no tener para pagarle a alguien para que lo hiciera. Aunque admito que, en retrospectiva, eso me ayudó a construir carácter). Me acompañaron dos discos: Volcán, tributo a José José, y Who Will Cut Our Hair When We’re Gone?, de The Unicorns. Hice varios intentos de escuchar otra cosa, pero por alguna razón (¿el olor de la pintura?) volví siempre a estos dos discos.

 

Abril

Mis primeros días de Catalán están marcados convenientemente por esa observación de que los diccionarios están llenos de palabras gratis y ciertas. Me sobren paraules, del Lamparetes de Antònia Font.

 

Mayo

El cumpleaños de Mónica fue en el Palau, con Drexler. Primer concierto en meses en el que no me aburro un poco después de la primera hora. Es un bárbaro.

O. me regaló un DVD artesanal de los cortos que hizo Seamus Murphy con el Let England Shake de PJ Harvey. Un álbum espeluznante. Para muchos, el mejor de este año. PJ Harvey logra que todos los demás callen y escuchen, no por ser la que más grita, sino por contar las verdades más descarnadas.

 

Muere Gil Scott-Heron y ahora si que la revolución no será televisada. ¿Who will survive in America?

 

Vi por primera vez a Flaming Lips en vivo, masaria, irenepittari y yo podemos decir «we were there».

 

Junio

Estuve oyendo el Pop Negro de El Guincho todo el año. Pero fue en Junio que le presté atención. El video es un prodigio esquizofrénico.

 

Julio

Party Rock Anthem (y por extensión, Sorry for Party Rocking) es un logro en múltiples niveles. LMFAO logró reciclar la estética hip-hop de los 90s para crear no uno, sino dos éxitos de verano en un solo disco. Por si fuera poco, el tema emblemático se convirtió en un meme.

 

Agosto

Mi otro tema de verano fue Pumped up kicks, del Torches de Foster The People. Durante unos días en Agosto, si pasabas suficiente tiempo en un bar, eventualmente lo escucharías. Esta fue la señal que marcó el final de la integración de la estética indie al mainstream.

 

Septiembre

El principal logro de Daniel Bejar (Destroyer) fue integrar nuevamente al saxo en el mundo del pop. Así quedará en la historia. Kaputt es un rompecabezas de Slow Jams, sonidos que creíamos perdidos en el kitsch del Easy Listening de los 80s y 90s. Un asalto a la memoria para los miembros de mi generación que indignados aseguramos que no oíamos ni Kenny G, ni Yanni, ni nada de «esa música».

A 10 años del 11 de Septiembre escribí un post sobre esta canción de Low Anthem que abre con

Estaba en el aire cuando las torres cayeron,
en un bar en el piso 84.
Le compré una ronda a Philippe Pettit
y le pregunté para qué era la cuerda floja
Me dijo ‘pongo un pie en la cuerda,
y un pie directo en el cielo’
Mientras los profetas entraban audazmente en el bar
Montados en el Boeing 737, oh Señor, en el Boeing 737.

 

Octubre

Fuimos a Amberes. Aprendí que no puedes ir a poner música a una fiesta sin llevar todos tus discos. Luis salvó un set poniendo El Negro no puede, de Las Chicas del Can. Yo volví con Bienvenidos, del homónimo de Systema Solar (y pasé una semana cantando «siiii, no te dieron visa…»).

Ah, y no pude poner Trigal en la fiesta, que era mi intención original:

 

Noviembre

saturdays=youth, el disco de 2008 de m83 fue un buen intento por capitalizar algunos sonidos del electropop de los 80s. Un logro técnico y de composición que tiene un significado especial para mi por Graveyard Girl, un tema que me lleva a «Don’t take her to movies but to cemeteries / tell all about werewolf bathtubs and forked clarinets«.

Pero Hurry up, we’re dreaming es un animal completamente distinto. Es una señal para todos los huérfanos de James Murphy de que no todo está perdido y que la erudición pop seguirá teniendo una voz. Hurry up we’re dreaming es la típica obra de la pasión y resurrección de un treinteañero.

 

Diciembre

Por Vicente me enteré del Go Tell Fire To The Mountain, de WU LYF. El vocalista gruñe en lugar de cantar y, a pesar de eso, pueden hacer un tema bailable. Son como Arctic Monkeys antes de que se pusieran serios. De esto se trata el rock.

(Por cierto, ¿ya leíste «Yo Maté a Simón Bolívar«, de Vicente Ulive? ¿qué esperas?)

 

 

¿y tú? ¿qué oíste en 2011?

 

cableado para la violencia

En 2002, Glasgow era la capital más violenta de Europa. El índice de detección era de 99%, así que no era un problema de impunidad. Sino de educación. Karyn McCluskey diseñó un sistema para erradicar el deseo de los jóvenes de unirse a las más de 170 bandas que había en la ciudad.

El gran momento, dice McCluskey, fue comprender que la violencia funciona como una enfermedad infecciosa. Se pasa. Puedes contagiarte. Puedes vivir y morir en una milla cuadrada. Tu vida no es predecible ni manejable. Puedes tener padres alcohólicos, sufrir violencia doméstica. A nadie le importas. Eres incapaz de tener empatía: estás cableado para la violencia»

Sigue leyendo Karyn McCluskey: the woman who took on Glasgow’s gangs

Jodida la ciudad

foto Juan Luis Delmont

En estos días, adrianonimo publicó esto en su muro de facebook:

Jodida la ciudad que deposita toda su belleza en una montaña. Es bella, la montaña, pero no deja de ser trágico todo el asunto. La CIUDAD debería ser bella, y la montaña un «plus». Pero como no hay ciudad amable, dirigimos la mirada al Ávila, quien está cansado de la exclusividad de suspiros, nostalgias, y «no entiendo nada»

Una reflexión propia de un feriado en uno de los peores lugares del mundo. Caracas.

Físicamente, ninguna ciudad lo suficientemente grande es bonita. Y si crees lo contrario acerca de tu ciudad, vives en un pueblo o una burbuja. Las ciudades son lugares atestados de gente que trabaja todo el día. Lo que hace hermoso un atardecer en Manhattan o Paris no es «la ciudad», es el contraste. Son los colores que se filtran a través del smog, la sorpresa de encontrar un rectángulo verde donde sentarte. Esos edificios, esas iglesias, esos monumentos y parques, están allí para que tu vida sea lo suficientemente no-miserable como para seguir generando riquezas para tus amos.

Pero si pensamos mucho en eso podríamos volvernos locos ¿cierto? Así que muchos caraqueños, sobre todo aquellos que nunca quisimos escapar de nuestra ciudad, buscamos confort en ese segmento de la cordillera de la costa que abreviadamente llamamos «El Ávila». Según nuestro razonamiento, es posible tolerar 5, 10, 30, 50 asesinatos diarios, si tenemos ese telón de fondo al cual desviar la mirada.

Yo me he creído ese cuento desde siempre. He pateado el cerro lo suficiente para saberlo tangible, magnífico, peligroso, fascinante. Además, para cubrir el aspecto metafísico del asunto, he repetido hasta la saciedad el evangelio según Ilan Chester.

No fue sino hasta entrados mis veintes que descubrí que más allá de la obviedad del cerro, había algo verdaderamente hermoso en el estoico equilibrio de las ruinas en esa suerte de aspiración niuyorkina tropical, una ciudad que alguna vez intentó apostar a la grandeza y cayó en desgracia para quedar como un testimonio ocre y grana de un delirio tecnócrata.

Hay belleza en los mosaicos rotos del Centro Simón Bolivar, en los barrios marginales que crecieron dentro de los edificios invadidos de San Jacinto a Madrices, en la peligrosa desnudez de la Plaza la Concordia un primero de enero, en las paredes cubiertas de moho de Los Chorros, en las aceras destruidas por los árboles y las matas que crecen por entre las juntas del concreto de la Francisco Fajardo. Hay belleza en lo que otros consideran decadencia.

(Inclusive hay belleza en el hecho de que un militar haya descubierto que su misión de vida es acabar con Caracas, porque en el fondo, eso es mucho más honesto que fundar una megalópolis en un lugar donde sólo debería haber montaña, esa montaña)

No es el aspecto físico lo que hace a la ciudad hermosa, sino el significado. En el significado está la gente también, por supuesto. Los amigos, la familia. El acuerdo tácito de que estamos todos intentando sobrevivir a la ciudad y el pacto social de no jodernos (demasiado) la vida. Cuando eso se rompe y no puedes salir a pasear con tus hijos, hacer un picnic, tener un perro, o simplemente ir a trabajar sin que te metan 27 tiros en la cara, la ciudad se vuelve un lugar horrible.

Así que sí: jodida la ciudad que deposita toda su belleza en una montaña. Jodida la ciudad que deposita toda su belleza en significantes, jodidos sus habitantes, que no encuentran la belleza sin mirar al cielo, un edificio, un monumento. Jodida la gente que sólo piensa en sí misma, jodidos los que no fabriquen belleza a diario.