Eso que crees a escondidas

Este es un post invitado de Héctor Palacios. Héctor es un tipo de software, pero también de política y literatura. Es decir, alguien con quien se puede tener una conversación. Tal como asoma en este post.

La discusión terminó y sabes que tienes razón. No puedes siquiera imaginar como puede pensar así. Te debates entre pensar que es idiota o que sólo busca su propio beneficio, porque le conviene. Quizás no reconocerá jamás lo equivocado que está, pero algún día se acordará de ti y lo que le dijiste.

Va pasando el día y las discusiones son de dos tipos: en las que tienes la razón, y la discusión en las que había algo que no sabías o que no habías tomado en cuenta. Llega la noche, te encuentras con tu pareja, quizás con tus hijos. Tienes varias de esas pequeñas discusiones, pero sorpresivamente en una de ellas aparece lo desconocido. No es sólo que no sabías algo. Es que te hacen dudar de algo muy íntimo. De algo pequeño pero importante. Abres los ojos y los oídos y la mente porque quien te habla te quiere, y en ese momento de lucidez miras una cosa nueva. En medio de la noche ves un atisbo de luz fuera de lugar. Te sorprende. Te callas. Aprendes. Amas.

Amanece. Vuelta a las posiciones de guerra. Hay que convencer al mundo de cuan mal está. Hay que decirle que es divertido y que no, y que vale la pena.

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Muchos creemos que si hubieramos vivido hace siglos, en la edad media, creeríamos en la igualdad de la mujer, en la importancia de lavarse las manos, en los derechos humanos, y además seríamos fanáticos de nuestro equipo favorito de futbol.

Eso que llamamos el mundo y la verdad es apenas un algo ténue. Suma de lo que percibimos y lo que tenemos dentro, que nos hace reconocer que eso que vemos pasar es un carro a alta velocidad, y que dentro debe haber una persona que lo conduce, y que a pesar de lo rápido que va, probablemente se va a parar en el próximo semáforo, o no.

Eso que crees a escondidas es lo que te hace quien eres, es a la vez tesoro y traición.

Puede que vivir sea caminar mientras eso que crees va cambiando, y con ello puede que mueras un poco más allá de donde naciste.

Mientras, a tu alrededor, toda la gente logra dormir por las noches. Cada uno tiene una historia más o menos coherente sobre quién es y porqué hace lo que hace, porqué vota por quien vota. No son locos, o al menos no son mucho más locos que tu.

Quedan las plazas y la oportunidad de encontrarse, y que de pronto alguien sospeche que ese que está adelante es también alguien que puede afectarlo. Que cada encuentro puede ser la oportunidad para develar y cambiar eso que secretamente crees.

América es una burla

Cada vez que vemos una nueva sátira de Jon Stewart, Vicente y yo comentamos con absoluta seguridad que un programa como ese estaría prohibido en Venezuela. Nuestra sociedad parece que no está preparada para manejar la sátira de alto nivel, o hacer catarsis a través de la sátira.

(Estarías tentado a pensar que el chigüire bipolar ha demostrado lo contrario. Pero seamos honestos: la penetración de internet no se compara con la de la televisión.)

Como una víctima más del complejo industrial mediatico-político venezolano, siento que la sátira es lo único que puede rescatarnos de la histeria masiva inducida por la dupla medios-Chavez. La combinación de fuerzas que destruyó el tejido social de Venezuela.

Creo que estas palabras son el evangelio de la sátira:

“You want to add something to the world that is clarifying and not obscuring,” he’d told me earlier. “But I know the difference between real social change and what we do. You know what we are? Soil enrichers. Maybe we can add a little fertilizer to the soil so that real people can come along and grow things.”

sigue leyendo America Is a Joke.