hello, de Chris McVeigh. Vía Flickr.
Cuando comencé a leer este artículo, pensé que era otro juego de ironías como esos de Thought Catalog que tanto nos gustan. Y si, tiene algo de eso, pero también está tan lleno de erudición pop, que se rompe en las costuras. En especial los fragmentos en los que se argumenta la trascendencia de Call Me Maybe:
“Call Me Maybe” crept quickly into my safe playlist, but in a very unique way: it can be deployed at any point on the timeline with dependably good results. An equal amount of small children and grandparents actively engage with the music, and people in between — high schoolers, college kids, people my age, and Gen X’ers — get it too. The quiet opening bars of the song often drift in uneventfully, but when the energy picks up at the first “Your stare was holdin,’” true appreciators begin to flaunt their lyrical knowledge, and by “HEY” everyone who’s not in the buffet line is either singing along or smiling and learning the words from their relatives who are already in this wonderful, popular club.
Durante momentos, esta disertación de Trent Wolbe roza a los monólogos de Patrick Bateman en American Psycho –It’s an epic meditation on intangibility.
Y si, Call Me Maybe será una de esas canciones que serán recordadas en la próxima década. Es el resumen, el epitome del sonido de finales de los 00’s. Maybe.
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En 1983 Caryl Phillips fue a Alabama como consecuencia de su primera obra teatral, llamada Strange Fruit en honor al famoso tema de Billie Holiday. Allí entendió que, a pesar de ser negro, como cristobalense y como británico, él no tenía vela en ese entierro. Su incomodidad está retratada en un artículo de The Guardian en el que cuenta su impresión al descubrir que esta canción, epítome de los himnos de protesta negros, fue escrita por Abel Meeropol, un judío neoyorquino.
La foto del linchamiento de Thomas Shipp y Abram Smith impactó tanto a Meeropol, que luego de varios días pensando en ella, escribió un poema. El poema se transformó en canción y llegó a la voz de Billie Holiday quien, con magistral histrionismo, la transformó en una de las canciones más famosas del siglo XX.
Al comienzo, Meeropol había usado el seudónimo de Lewis Alan, porque tal como apunta Marcus Miller, «Los 60s no habían sucedido todavía. Cosas como esas no se hablaban y definitivamente no se cantaban». Tanto es así que en 1941 Meeropol compareció ante una comisión legislativa del estado de Nueva York para determinar si el partido comunista le había pagado por escribir la canción.
Yo llegué a Strange Fruit en 1994 de la mano de Nina Simone. La Simone compuso e interpretó otras duras canciones de protesta, como Mississippi Goddamn, grabada con risas incómodas en el Carnegie Hall.
No fue sino años después que me enteré de dónde venía la canción. Y vi la foto que le dio origen. Esa pieza de información visual transforma a «los arboles sureños llevan una fruta extraña» en el mejor abridor de la historia del blues.
Historia lateral: Meeropol fue el padre adoptivo de los hijos de Ethel and Julius Rosenberg, la famosa pareja de espías ejecutados en los 50s. La historia completa aquí.