Goodbye, Baghdad

Veinte minutos después de haber tenido una conversación similar, me encuentro con este post de Riverbend, bloguera de Baghdad Burning.

(…)
There are moments when the injustice of having to leave your country, simply because an imbecile got it into his head to invade it, is overwhelming. It is unfair that in order to survive and live normally, we have to leave our home and what remains of family and friends… And to what?
(…)

(…)
On the one hand, I know that leaving the country and starting a new life somewhere else — as yet unknown — is such a huge thing that it should dwarf every trivial concern. The funny thing is that it’s the trivial that seems to occupy our lives. We discuss whether to take photo albums or leave them behind. Can I bring along a stuffed animal I’ve had since the age of four? Is there room for E.’s guitar? What clothes do we take? Summer clothes? The winter clothes too? What about my books? What about the CDs, the baby pictures?
(…)

Nada nuevo y a la vez desgarrador, no sólo por lo que cuenta. Aplicable a cualquier zona de conflicto, incluyendo algunas más cercanas que, casi por las mismas razones, pertenecen a ese selecto club de las mil muertes por mes.

LAI (o de cómo dejé la cámara en el carro)

Lai-1

Siempre te tuve envidia por aquél concierto en Amsterdam (entre otros, claro) y había aceptado que la imposibilidad de igualarlo era un hecho de la vida… hasta hoy.

Regreso del primer Poliedro de LAI. Los amigos con sus amigos, un concierto para cinco mil personas.

De paso, es sólo mi segundo concierto de LAI. Me salva, o no, la presencia en aquél mítico primer Nuevas Bandas en el CELARG.

El tipo que estaba poniendo la música lo hacía tan bien que la vaina parecía un bar con las luces prendidas. Los amigos entraron con Ultrafunk y de allí en adelante nada que tú no sepas, salvo cuatro escenas:

Colina

  • ‘Si tú te vas’ con Colina (boina y todo). Tres mil personas gritando la canción. Sólo por eso hubiese pagado la entrada. El tipo fue la estrella de la noche.
  • Wincho haciendo el intro de Ganas para recibir a Pablo Dagnino.
  • Nelson Arrieta soneando en Amar es algo más.
  • Evio con un cuatro y Cheo con guitarra cantando De dónde viene tu nombre. Supongo que estaba en la zona de veinteañeros porque yo era una de las tres personas que se la sabían.

Sm

Observé cuidadosamente quiénes saludaron a Cheo al salir de escena, nota mental para saber cuáles son artistas a respetar y cuáles son prostitutas del aplauso. Me reservo la lista, PPIeI, pero Spiteri es un caballero.

Un disco-concierto imposible de hacer en otra parte. Quizás una de las únicas cosas que atenúan la vida en este lugar de mecha corta es que a veces algunos se permitan des-emigrar y armen un evento con el talento de los que se quedaron.

Spiteri

Anexo las fotos. El subconsciente me traicionó y dejé la cámara en el carro. Estas son del celular más peorro posible.

abraxas,

dp./

música

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El orgullo de ser venezolano

S500X500

Pongamos que existe un banco, al que para proteger identidades e intereses, llamaré Commercebank; un parapeto cuartorepublicano que comenzó como la agencia mayamera de otro banco, al que para proteger identidades e intereses, llamaré Banco Mercantil de Venezuela.

Ahora bien, Juan Perez tiene una cuenta de dólares en el Commercebank. Para sazonar la historia, la mamá de Juan fue fumadora profesional y se está muriendo de cáncer. Considerando 1)que Juanito es el principal sustento, 2)que firmaron hasta las servilletas y 3)que cuatro años después de Barrio Adentro y otras maravillas la medicina moderna la gente se sigue muriendo igual, se puede decir que Juanito, su madre y el resto de la familia dependen de esa cuenta que contiene lo que pudieron amasar cuando Venezuela era otra.

La tarjeta de crédito de Juanito se vence pronto y éste solicita que en vez de usar el correo tradicional, el Commercebank se la envíe directamente a su oficina en Caracas, utilizando una empresa global de mensajería, a la que PPIeI, llamaré FedEx. El banco envía la tarjeta.

Pasa una semana.

Extrañado de que el proverbial tipo de pantaloncillos azules no ha aparecido con su tarjeta, Juanito le solicita al banco el número de rastreo. Consulta vía web y se da cuenta de que el paquete está esperando recolección en la sede de FedEx de Caracas. Qué raro. Él había pedido que se lo enviaran a su oficina.

Juanito va a la sede en Los Ruices. La tipa del mostrador va a buscar su paquete y regresa al rato.

-Señor, ¿me puede acompañar afuera?

En el estacionamiento, la señorita le indica a Juanito que su paquete ya fue recogido.

-Imposible, es la primera vez que vengo, ni siquiera sabía dónde quedaba esta oficina.

-Disculpe la pregunta, ¿por casualidad eso viene del Commercebank?

-… ss-si ¿por?

-Ay bueno señor, es que no es la primera vez ¿sabe?. Parece que hay una mafia que viene con cédulas falsas a retirar paquetes. Ese caso ya está en PTJ.

Sabiendo que la frase ‘Ese caso ya está en PTJ.’ es la antesala a todas las grandes desgracias Venezolanas, Juanito sólo alcanza a balbucear algo sobre que quiere ver el comprobante de entrega del paquete.

Y si, allí donde dice firma, está su firma, la misma de la cédula de identidad.

Corre. Corre porque es el único sustento, porque firmó hasta las servilletas, porque un mes entero de sueldo no cubre la terapia semanal. Corre porque para activar una tarjeta de crédito siempre hacen ‘preguntas de seguridad’ como, por ejemplo, fecha de nacimiento, número de cédula venezolana, dirección, número de cuenta. Datos que son públicos una vez que alguien en el Commercebank cuadra con algunos buenos muchachos para que vayan a buscar en FedEx el paquete con el número de rastreo #### #### ##### exactamente el mismo día que llega. Datos que además sirven de base durante la llamada de activación para decir algo así como ‘mira, por cierto, además, quisiera hacer una transferencia….’

Juanito llega a la oficina. Llama. Navega por el sistema de voz hasta que arriba al saldo de las cuentas conjuntas. Doscientos treinta y un dólares.

Un poco menos que el salario mínimo. Oficialmente por debajo de la línea de pobreza.

Inicia los trámites. Un largo camino poblado por gente a la que le es imposible entender que con todas las medidas de seguridad, eso pueda suceder. Se requiere de una compleja organización que pueda duplicar documentos de identidad, conseguir datos personales y bancarios, interceptar un envío puerta-a-puerta.

No, en realidad sólo hacen falta dos o tres compatriotas repartidos en lugares clave.

Mientras Juanito trata de explicarle la historia a un escéptico mexicano de atención al cliente, tiene una revelación: Esto ha podido pasarle dónde sea, con cualquier banco. No importa dónde vivas, si naciste aquí tienes cédula venezolana, eres miembro de una raza maldita experta en absorber lo peor de las sociedades en crisis. No importa a qué parte del planeta escapen tú, los tuyos o tu capital; la sangre y la cédula la llevarás contigo siempre.

Juan Perez cuelga a media frase y marca otro número.

-Aló… ¿Vieja?…